¿CÓMO SE HIZO LOVING VINCENT?

Dorota Kobiela, Hugh Welchman y la película hecha con pintura al óleo

Dorota Kobiela se graduó de la Escuela de Bellas Artes de Varsovia. La pintura era su pasión y su vocación. Su interés por la animación y el cine vino después; estudió en la Escuela de Cine de Varsovia y dirigió cinco cortos animados. Su actividad en el cine la alejó de la pintura, lo que la condujo a enfrentar una crisis vocacional, ya que extrañaba el mundo conmovedor y contemplativo de la pintura.

Durante esa crisis buscó consuelo en las cartas escritas por Vincent van Gogh. En una de ellas el artista escribió: “solamente podemos hablar a través de nuestra pintura”. Así surgió en ella la idea de combinar sus dos pasiones: la pintura y el cine. Decidió entonces dar vida a la obra de van Gogh para que su pintura hablara por él, realizando un cortometraje animado que sería enteramente pintado por ella.

Kobiela presentó el proyecto a Hugh Welchman, de la productora Break Thru Films, quien en 2008 había ganado el Oscar al mejor cortometraje animado por la película Peter and the Wolf. El proyecto de Kobiela no sólo interesó a la productora sino que el nuevo equipo Kobiela-Welchman, en la co-dirección, apostó a lo grande y decidió realizar ya no un corto sino un largometraje animado pintado al óleo de forma íntegra.

La consigna fue que la obra del artista hablara por él. Así fue. Los guionistas (Kobiela, Welchman, Dehnel) tomaron como punto de partida alrededor de 100 obras de van Gogh y escribieron el guión de forma que la trama girara en torno a ellas.

La directora Dorota Kobiela

La película parte de un hecho ficticio (un año después de la muerte del pintor, el cartero Joseph Roulin encomienda a su hijo Armand que entregue a Theo van Gogh la última carta que su hermano le escribió antes de morir) para adentrarse luego en una investigación sobre los últimos días y el suicidio de Vincent van Gogh. Está escrita en clave de thriller detectivesco a partir del relato de aquellas personas que estuvieron junto a  van Gogh al final de su vida. Es así que cada uno de estos personajes (todos ellos retratados en su momento por el artista) da su propia versión acerca de lo que ocurrió en aquellos trágicos días que condujeron a la muerte del pintor. El guión es inteligente, entretenido, riguroso y sin golpes bajos (esto último un verdadero mérito adicional, siendo que la vida de este incomprendido mártir del arte moderno tienta fuertemente a caer en ellos).

Y aquí el desafío técnico. ¿Recuerda el lector haber visto cómo se hacían los dibujos animados? Tengo en la retina esa imagen de un fajo importante de hojas (¿cien tal vez?) agarradas por un lado con una mano y haciéndolas pasar muy rápidamente con el dedo gordo de la otra. Un dibujo por hoja, con mínimas alteraciones entre un dibujo y el siguiente, en sucesión a alta velocidad, daba como resultado a Mickey Mouse levantando una mano.

Eso hizo Dorota Kobiela con la diferencia de que aquí no hay hojas ni dibujos a lápiz ni una persona que haga pasar los dibujos rápidamente con sus manos. Lo que hay aquí son cuadros pintados al óleo y fotografías de esos cuadros. Cada fotografía constituye un fotograma y esos fotogramas proyectados uno a continuación del otro en una computadora dan como resultado el movimiento buscado.

Pero hagamos un cálculo rápido. Cada segundo de Loving Vincent requiere de alrededor de 12 fotogramas, o lo que es lo mismo, 12 fotografías de cuadros pintados al óleo, lo que implica 12 cuadros pintados al óleo con mínimas variaciones entre ellos. La película tiene una duración de 90 minutos, que equivale a 5400 segundos. Si cada segundo requiere de 12 fotogramas, para completar la película se necesitan aproximadamente 64.800 fotogramas, es decir 64.800 cuadros pintados al óleo.

Dorota Kobiela, que originalmente planeaba hacer un cortometraje animado pintado por ella, tuvo que convocar entonces a 125 pintores que la acompañaran en esta aventura. Comenzó reclutándolos en Polonia, pero al llegar a 80 se le acabaron los pintores polacos y tuvo que buscar los restantes afuera: se postularon más de 500, de los que se seleccionaron 45 de distintas partes del mundo (Australia, India, Estados Unidos, etc).

Shuchi Muley, artista india de Bhopal, fue una de las elegidas entre centenas de postulantes.

No es que al final del camino hayan quedado 68.400 cartones pintados. Cada toma requirió de un cartón, en el que se pintaron todos los fotogramas de esa toma. Por lo que el artista encargado de esa toma o cartón debía: pintar un primer cuadro en el cartón y sacarle una foto (primer fotograma de la toma); tomar nuevamente el pincel y “animar” sus pinceladas haciéndoles retoques mínimos para sacarle otra foto (segundo fotograma de la toma); en otros casos borrar ciertas partes y pintar sobre ellas (imaginemos el movimiento de un personaje por ejemplo) para sacarle una nueva foto y generar un nuevo fotograma. Así sucesivamente, en promedio unas 72 veces por cada cartón. Al final, por cada toma quedó un cartón con el último fotograma de esa toma, y quedaron 898 cartones, de los cuales la mayoría se encuentran actualmente en exhibición y otros han sido vendidos a coleccionistas y particulares.

Ahora bien, el proceso implicó más trabajo que simplemente pintar 64.800 cuadros. Todos los personajes fueron interpretados por actores, quienes debían tener un gran parecido físico con su personaje para mantener la fidelidad con la obra de van Gogh y porque para él el retrato fue una actividad fundamental. Pero ¿cómo pasar de actores de carne y hueso al pincel? Todos los actores fueron filmados en live action, o bien sobre fondo verde (para agregar luego el fondo mediante efectos visuales) o bien en locaciones que fueran casi idénticas a las que van Gogh pintó. Ese live action (para el caso de los actores y el movimiento), a veces con efectos visuales y otras no, es lo que cada artista tuvo que plasmar con su pincel en el cartón, generando esos miles de fotogramas. Pero no de cualquier manera, puesto que hay que tener en cuenta lo siguiente:

  • Las pinturas tenían que ser fieles al estilo y a las técnicas utilizadas por van Gogh, incluso con variaciones de estilo, ya que por ejemplo en su etapa parisina experimentó todo el tiempo con su pintura.
  • Van Gogh pintó sus cuadros en distintos tamaños y formatos. Sin embargo, a los efectos del encuadre de la película, los fotogramas debieron ser todos del mismo tamaño. Por lo tanto cada artista debió trasladar la obra de van Gogh a un mismo formato y dimensión. Por ejemplo, un cuadro originalmente vertical llevarlo a formato horizontal.
  • Variar colores pero manteniendo siempre el estilo del pintor. Por ejemplo hay cuadros que van Gogh pintó en invierno pero que en la película se desarrollan en verano, y por lo tanto fue necesario pasar del invierno al verano a través del uso del color.
  • Imaginar cómo habría pintado van Gogh desde otras perspectivas que fueron necesarias por los planos seleccionados para las diferentes tomas.
  • Cuando la historia requería de partes que no estaban basadas en cuadros originales de van Gogh, a los efectos de mantener el rigor artístico, se recurrió al blanco y negro.

Kobiela y su equipo tardaron 4 años en diseñar, planificar y desarrollar esta técnica, y luego tomó 2 años para poder llevarla adelante con un equipo de más de 125 pintores trabajando en las ciudades polacas de Gdansk y Breslavia y en Atenas. Se descartaron en el proceso más de 1300 cuadros o fotogramas. El resultado de todo este esfuerzo es Loving Vincent.

 

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