Apuntes FCIU (I): Mi nueva forma de ver, LS83, Fantasmas de Julio, Un futuro brillante

Me encontré aquel martes sentado en el asiento 06 de la Fila D. Sala número 3, la más chiquita, al fondo. No había nadie todavía, pensé que nunca había llegado tan temprano al cine: debían faltar 10 minutos para que la función comience. Había una razón detrás de mi ansiedad, este turismo es la primera vez que acudo al Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay; aquel día era el primero al que asistiría. Armado con una botellita de agua y un catálogo con olor a papel recién impreso, estaba preparado para lo que el cine pudiera ofrecerme. Entonces, miré hacia la pantalla, frente a mí se desplegaba la imagen bordó que, entre butacas amarillas y el logo en forma de ojo que representa a Cinemateca, anuncia la Edición Número 44 del FCIU. La programación de este año está compuesta por 201 películas en 14 días. Ese día vería 4. 

Pensaba que sería injusto hacer una crítica a profundidad de cualquiera de las cuatro obras que ví, porque debo admitir que soy incapaz de no procesarlas por separado. Así que me decanté por hacer un recuento muy subjetivo de los pensamientos, emociones que me dejó cada obra que ví. Un comentario por cada uno, como si fuera un futbolista al que le preguntan: “¿sensaciones del partido?”. 

Mi nueva forma de ver

Uruguay, Países Bajos. 2026

Andrés Varela y Lucía Gaviglio.

Andrés Varela y Lucía Gaviglio ya son nombres reconocidos dentro del cine nacional. Se los identifica con la productora Coral Cine, en la que gestaron buena parte de su obra; Mundialito, Mi Mundial, Maracaná, Cachila. Gaviglio se desempeña más en el rol de productora, produciendo tanto ficción como documental (fuera de Coral Cine ha producido títulos tan diversos como 9 o Al Morir la Matinee) y Varela se ha concentrado en dirigir documentales, el más reciente: El Niño que Sueña, estrenado el año pasado. Ellos dos, además, comparten una familia.

Dado este caché previo, me preguntaba que los llevaba a codirigir un largometraje. Mi nueva forma de ver, es un documental sobre la vida de Gaviglio después de un infarto cerebral que le alteró permanentemente la vista. No es necesario decir más para saber que es un relato personal, muy fuerte. Lo que se ve en el documental es un momento muy vulnerable de esta familia, que se había embarcado en un viaje: una mudanza a Países Bajos que pretendía reunirlos antes de que el trabajo los separara nuevamente, cuando esta situación repentina y trágica sucedió. 

La película está estructurada con una especie de flashback que sucede en un plano en el que Gaviglio cierra los ojos. De ahí se van contando, como si fueran un sueño de ella, todos los eventos que la llevan a estar en un centro de recuperación en Europa, mediante una voz en off de la misma Gaviglio y de Varela, mechando material de archivo de momentos íntimos de la familia. Además la película tiene un acercamiento un poco más experimental a sus imágenes, tratando de construir con fundidos y efectos lo que Gaviglio ve después de adquirir una condición en la vista, que no la deja ciega pero si la hace incapaz de comprender profundidades, distancias o tamaños. Estos recursos aprovechan la verdadera fuerza del cine: ser una máquina de generar empatía, de ponernos en lugares que no habíamos considerado, en este caso, la situación de Gaviglio, su condición.

Fuera de esto, al final de todo, me quedan dudas. La película desde la misma estructura se cuenta como desde la perspectiva de Gaviglio, como si estuviéramos dentro de su mente. Y es lógico, es su lucha y resiliencia lo que ordena y motiva a la película.  Pero, al mismo tiempo, detrás del relato, está la voz y mirada de Varela, que no se termina de construir. Su “personaje” dentro de la obra es el de una figura de apoyo constante pero, realmente no puedo decir mucho más. Es muy extraño, con el pasar de las horas me empecé a dar cuenta que salí de la sala sin tener claro qué sintió o cómo le afectó toda esta situación a uno de sus protagonistas, que a su vez es el director. Me pasa lo mismo con sus hijos, aunque un poco menos. Los vemos reaccionar, sobre todo al más chico, a la situación de su madre, pero sólo cuando está ella presente, ¿qué lucha interna tuvo que enfrentar esta familia? Estoy seguro que existe una arista de este relato, más difícil, más dura, que, o no se filmó, o se dejó en el montaje. Es natural, viendo que al fin y al cabo es un documental familiar y no existe la distancia suficiente como para entrar en esta parte.

Agrego al comentario de la película una anécdota. En la sala había una persona no vidente, al que se le fue proporcionado un audífono en el que, supongo, se reproducía una descripción en audio de las imágenes. Me pareció observar que tuvo ciertas dificultades con el aparato, pero más allá me sorprendió para bien que existiera esa posibilidad de un cine más accesible acá en Uruguay.

LS83

Argentina, Alemania. 2025

Herman Szwarcbart

El Canal 9 de Argentina fue absorbido, como todo el país argentino, por una dictadura militar entre 1976 y 1983. Durante esos años, los camarógrafos, periodistas conductores y demás entes que contruían el discurso público apropian y repiten la propaganda al servicio de Videla. De esto, queda la memoria fílmica, latas de negativos que se restauran para hacer esta película. Y también, de la época, queda la memoria intangible, humana, condensada por Martín Kohan en su libro Me acuerdo, en el que relata eventos esporádicos de su infancia, justamente, en estos años.

El director Herman Szwarcbart decide combinar esas dos memorias para generar un contrapunto. Se ilustran las memorias inocentes de Kohan, que hablan de sus novias de la escuela, de odiar las prácticas de tenis a las que su madre obligaba a ir de chico y de jugar a contar cuántos autos Ford pasan por una calle, con archivo de la época. Este está grabado en un 16 mm en blanco y negro que recuerda (sin tener nada que ver), al Free Cinema británico. Se recuperan, además de las ropas y texturas de la época, vestigios de la vida cotidiana durante la dictadura. Pero, de repente, la voz de Kohan se calla y aparecen archivos del canal. Boletines de los eventos patrióticos del país con un lambebotismo y un patriotismo exacerbado. La imagen de Videla, canchero, bromeando con gente en la calle y declaraciones de parte de un Ministro que decía algo similar a: “Monzón es un ejemplo de la mejora de la raza argentina”, van revelando todo lo que el niño que se crió en la época no llegó a entender. Hay un sentimiento de incomodidad hipodérmico, en no lidiar directamente con todos los horrores de la dictadura, pero ver cómo se va filtrando igual en el retrato de la época. El punto cúlmine de esto: cuando se le pregunta a un niño Uruguayo qué sintió al ver a Videla y él, queda callado.

Fuera de esto, la película tiene un lado cómico y humano. En el Q&A posterior a la película, Szwarebart contó que mientras editaba la película su hijo, que tiene 25 años y no vivió la dictadura, vió un plano en el que un grupo de Hippies tocaba la guitarra en la plaza. Cuenta que le preguntó “Pero papá, ¿cómo se están juntando en la plaza? ¿no estaban bajo un régimen militar?” El director de la película concluía que una de las bazas de la película estaba en que el archivo revelaba elementos cotidianos que la memoria estaba perdiendo, aquellos que no son la parte trágica que siempre se muestra. Y yo estoy de acuerdo.

Sehnsucht in Sangerhausen (Fantasmas de Julio)

Alemania. 2025

Julian Radlmaier

Me llevé una sorpresa enorme viendo esta película. No sólo porque no estaba familiarizado con la figura de Julian Radlmaier, sino porque realmente no podía prever qué iba a pasar en la película. Un recurso que usa mucho Fantasmas de Julio es el zoom out con teleobjetivo. Un plano típico de la película comienza con algún elemento pequeño de la escena, una bota siendo cepillada, una torta de frutilla o las hojas de un árbol, en primer plano. Esto te intriga lo suficiente que cuando lentamente se va haciendo zoom out y se revela el espacio y la importancia de ese objeto te sorprende. Es una manera muy lúdica de dirigir las escenas, porque siempre le está revelando cosas a la audiencia,  jugando con la expectativa, con el planteo y el remate, si se quiere. 

Me enfrasqué con el zoom out, porque la experiencia de ver Fantasmas de Julio se me hizo similar. El relato parece, en un inicio, ser sobre una piedra de colores raros, pero poco a poco va expandiéndose y revelando su escala. Es una historia coral, que va cambiando e hilando protagonistas a través del tiempo. Lo único que los une, es la ciudad de Sangerhausen, que bajo la hermosa fotografía en 35mm se transforma en un relato sobre ciclos de odio, opresión, familias encontradas y pertenencia. Pese a los temas pesados que mencioné, es una película bastante ligera, que encuentra bastante humor y luz en su concatenación de tragedias. Creo que es mejor no decir más, para no spoilear la experiencia. Ojalá se estrene en algún punto del año en Cinemateca.

Un futuro brillante

Uruguay. 2026

Lucía Garibaldi

Lucía Garibaldi venía de tener mucho éxito internacional con Un futuro brillante. Además de recorrer diversos festivales alrededor del mundo, ganó el premio a mejor película de la categoría Viewpoints en Tribeca. El martes 31 de Marzo fue su estreno en Uruguay. En la presentación de la película, Garibaldi admitió que tenía mucha curiosidad de ver el recibimiento de sus compatriotas ante la película y puedo entender por qué.

Ambientado en una especie ucronía en el que algo malo, tal vez, pasó con las hormigas, haciendo que se extingan pájaros y perros, Un futuro brillante cuenta la historia de Elisa, una joven que es seleccionada para ser enviada al Norte, un lugar donde podrá ayudar a salvar la raza humana. Aunque la realidad es que hay algo detrás de todo esto. Sin entrar en más detalles sobre qué pasa en la película, puedo decir que hay elementos que resuenan con la vida del uruguayo: el joven que tiene que emigrar, dejando el país lleno de viejos, sería el principal. Pero también está esa idiosincrasia del cine nacional, con ese humor frío e irónico, pero lleno de humanidad con momentos íntimos. Aunque esto sea en otro universo, se sigue sintiendo uruguayo en sus diálogos y en la forma de ser de los personajes. La rebeldía de esta película no es la rebeldía yankee o francesa de derrocar el sistema, sino que es más personal y humilde. 

Me gustaría profundizar más sobre el qué sucede en Un futuro brillante, pero lamentablemente, haber visto cuatro películas previamente me fritó un poquito el cerebro. Así que me centraré en el cómo: la nueva película de Garibaldi entra por los ojos. El mundo que construye está lleno de idiosincrasias particulares, como los parlantes que reproducen ladridos y cantos de aves, que inmediatamente la hacen icónica. No sólo eso, sino que elementos como la falta de mascotas se agregan al diseño de las habitaciones, llenas de cuadros con fotos de perros o de estatuas de pájaros. Se siente tangible y también muy lejano a Uruguay. Por ejemplo, se ven en el fondo constantemente montañas, agregadas en post, que me hicieron pensar que la película fue filmada en algún lugar de Argentina. Cuando en el Q&A revelaron que la película fue filmada enteramente en territorio nacional, me explotó la cabeza. Siento que es una película a la que se le puede hincar mucho el diente, medio por arriba puedo destacar las actuaciones de los tres protagonistas, especialmente la de Martina Passeggi, y la banda sonora, que parece como si a una película de Yorgos Lanthimos la compusiera Jon Brion. Seguramente la vuelva a ver cuando salga en cines.

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