Introduciendo a Javier y Rossana
-Yo no puedo escribir sin ella. He llegado a intentarlo y no, no puedo.
-Yo, obviamente, tampoco. Es más, ni siquiera hubiera empezado a hacer películas sin Javier.
Tienen 52 y 57 años, son uruguayos, les gusta viajar, son arquitectos y profesores, cinéfilos, y desde hace unos años, cineastas, ya que están cumpliendo un sueño: hacer películas juntos. Y juntos, enfrentan el gran obstáculo de hacerlas completamente solos; tanto la escritura, como la producción y la dirección. Además, sin ningún tipo de formación académica. En su arte, demuestran que con determinación, pasión y amor (al cine y al otro), se puede crear.
Rossana Bossio y Javier Cabezudo tienen dos cortometrajes y un largo. Los tres los presentaron en festivales y ganaron varios premios en Uruguay y en el exterior. Las obras son, en orden cronológico de salida (y en orden de “mejor ejecución” según ellos dos que dicen que siempre van aprendiendo y mejorando): Un lugar común (2020, cortometraje), Hora del té (2024, cortometraje), y Martín Vuelve (2025, largometraje). Este último se proyectó el domingo 5 de abril a las 17 horas en Sala B, por el Festival de Cinemateca. Su estreno nacional fue en el treceavo Festival de Cine Nuevo por Detour el año pasado, y su estreno en salas será el 30 de abril del 2026.
Esta pareja tiene un hobby muy diferente a los de sus amigos y compañeros: “Nadie en nuestro entorno hace esto,” dice Rossana. Antes de conocerse, los dos se recibieron de arquitectos, los dos ejercieron pocos años y ahora son ambos profesores de matemática en la UTU, donde se conocieron hace unos 12 años. Desde ahí, no se separaron el uno del otro, ni tampoco del arte.
-Nos conocimos dando clases, y luego Javier me invitó a ir al cine.
-No, al teatro.
-¿Fue teatro? Ah, sí, pero fuimos con Elena primero al cine.
-Ah, cierto, fuimos con una amiga. Fuimos a ver Relatos Salvajes.
-Él me invitó, pero una compañera que estaba ahí, dice, ¿yo puedo ir?
-Y nosotros dijimos, obvio.
-Esa fue nuestra primera salida.
Se complementan las frases, y se observan cuando el otro habla. En su apartamento del octavo piso, hay una vista clara de la fortaleza del Cerro, y en las paredes, vistas de edificios de todo el mundo. Autobuses de Inglaterra, columnas, techos, construcciones, son algunas de las fotografías tomadas por Rossana, colgadas por todo el living, en las que resalta su formación de arquitecta, y su atención al detalle.
Los comienzos
A Javier siempre le apasionó el cine:
-Yo quería hacer cine. Tenía un hermano que era muy fanático de las películas. Era un tipo muy raro, muy especial. No me llevaba a ver películas de Antonioni, me llevaba a ver películas de Indiana Jones, pero me acuerdo que las veíamos y después me hablaba mucho de las películas, pero me hablaba largamente. Esas cosas me impactaban. Me encantaba eso de darle vuelta a la película después de verla.
“Es más, te tiro una,” dice Javier, y explica que en Martin Vuelve, la voz del “tío enojado” era su hermano, quien falleció 15 días después de haber grabado la voz. No llegó a ver el resultado. Pero lo recuerdan con cada viaje a Buenos Aires, en donde vive la sobrina de Javier, Carmela Sandberg, quien actuó en dos de sus proyectos.
Cuando había que elegir una carrera, Javier no trabajaba, y sus padres le dijeron que estudiar cine era muy caro, por lo cual tuvo que estudiar otra cosa. “Y dije, me olvido completamente del tema del cine. Me dediqué a ganarme la vida, a estudiar de arquitecto, a trabajar. Leía mucho, iba al teatro, pero en algún momento no quería ni ver películas porque me producía angustia. Después nos ennoviamos con Rossana, ya mayores, y empezamos a decir, capaz que sería lindo hacer la prueba.”
Rossana, por otro lado, además de estudiar arquitectura, también ejercía arte en otros ambientes. Estudió un par de años en Bellas Artes, donde llegó a ver algo de fotografía, una técnica que le apasiona. Siempre consumió cine, y tuvo una época en la que el teatro fue protagonista en su vida. “Me leí las obras de Shakespeare. Me acuerdo que mi padre me apareció con las tragedias de Esquilo. Me había dado por leer teatro, y bueno, leía teatro.”
El género favorito de Rossana, el terror, está presente en sus tres obras de formas distintas.
-Ciencia ficción y terror, de niña, era lo que más consumía, hasta donde me dejaban. Después de grande me vi las de Hollywood, por supuesto, y después cuando empezamos con la cuestión del cine, fuimos buscando y anotando las películas que no nos podíamos perder. Y ahí íbamos y las veíamos juntos. Y algunas me gustaron, otras no tanto, algunas adoré, yo Stalker la adoré.
-Capaz que nos sentimos un poco menos por no tener una formación curricular de cine. Entonces, cuando nos empezamos a dedicar a esto, nos hemos impuesto una especie de carrera de escuela de cine inventada por nosotros. Hay que ver esto, y se ve esto, y se ve esto – agrega Javier.
Él recuerda con mucha sensibilidad las películas que lo marcaron:
-Mi formación, si la podemos llamar formación, es las películas de Hollywood de finales de los sesenta, comienzos de los ochenta. El fin del nuevo cine americano que terminó cuando George Lucas lo puso de rodillas y le dio un tiro en la nuca con la Guerra de las Galaxias.
Javier y Rossana no tuvieron siempre en claro que iban a terminar siendo cineastas. Es más, hubo un momento clave en su relación que los llevó por este camino. Javier comienza la historia con “Fue cuando nos fue mal con la porquería esa.” Se miran, ríen, y él le pregunta: “¿Puedo?” y Rossana, entre risas, le dice que sí, que cuente la historia.
Cuando recién habían ennoviado, se les ocurrió hacer una página web “que era una especie de Facebook para rubros cinematográficos,” según explica Javier, “fue un horror, no se anotó nadie. Pero nadie. Había más virus que candidatos. Entonces, medio bajoneados, pero no tan bajoneados porque nos gustó el entrevero de salir de la rutina, dijimos: ¿por qué no hacemos un corto? Lo de la aplicación es muy aburrido, no es para nosotros. Y ahí arrancamos.”
La aplicación se llamaba Cine Bijou, y lo único que quedó de esa web es el nombre, que denomina ahora su productora, que son ellos dos.
Ahora, tres películas después, Javier afirma: “en todos los proyectos, no importa el disparate o lo horrible que hayamos planeado todo, no nos desilusionamos. No pensábamos “ah, la plata que perdimos” y todo eso. Pensábamos: “vamos a hacer otro. Vamos a hacer otro. Vamos a hacer otro.” No importa la vergüenza. No importa nada.”
El proceso de escritura
Su apartamento es acogedor, cómodo, iluminado. Tienen una biblioteca con libros de cine, una mamushka, y más recuerdos de sus viajes. En la parte de la mesa del comedor, tienen un cuadro gigante, de una noche azul sin estrellas, en la que la luna, tan clara como lo sería el sol, se ve reflejada sobre el mar. Y en el mar, un solo barco, al lado de las rocas. Ese sentimiento de paz domina el ambiente.
Los muebles, todos de una madera del mismo color oscuro, invitan a sentarse, a charlar. El sillón contra las fotografías es en el que se suele sentar Rossana con la laptop, mientras que Javier, caminando del comedor al sillón, recrea las escenas, entra en los personajes, y así, crean la historia.
-Llegar a casa es… Llegar acá es un placer. Ella se pone con la computadora, yo me pongo acá, a los gritos, a actuar las escenas. Nos tomamos el tiempo.
-Ahora que descubrimos; mirá lo que somos los viejos; descubrimos que podemos conectar con una simple tecla a la tele, entonces puedo estar escribiendo y él, además de estar caminando, puede estar viendo y leyendo.
Tienen otra técnica, que precede cualquier escritura formal, que es la de las tarjetitas.
Antes de empezar a escribir un guion, crean las escenas con tarjetas de papel o cartón. Las ponen sobre la mesa, que está debajo del cuadro de la noche azul, y las van cambiando de orden mientras justifican sus decisiones, discuten sobre opiniones diferentes, y definen el guion. “Hacemos una especie de escaleta medio inventada por nosotros y esa es la base para hacer guiones,” explica Javier.
Festivales
Recompensas mentales tienen un montón, al estar constantemente aprendiendo, buscando, leyendo, e informándose, pero la mayor recompensa física según ellos, son los festivales de cine.
Viven los festivales al máximo. Cuando hay, si no les coincide con los horarios de trabajo, intentan ir todos los días, disfrutar de las funciones, conocer a gente nueva, y participar de actividades. Según ellos, son “los abuelos” en cada festival, ya que la mayoría es gente más joven, pero adoran el ambiente.
Javier explica que le gustaría que se armen debates entre los directores:
-Hay muchas cosas que a mí me da curiosidad conocer. Por ejemplo, la gente como nosotros, los tipos que no vienen de escuelas de cine, que producen sus propias películas. Hay todo tipo de gente que va a los festivales. Me gustaría ver cómo hacen los presupuestos, cómo seleccionan al reparto, cómo encuentran el equipo técnico. Creo que todos podríamos aprender”
En el Festival de Buenos Aires Rojo Sangre, Rossana y Javier se quedaron con varias anécdotas.
-Yo andaba como loca, re feliz, con unos lentes que te distorsionan el piso. Y esos lentes que no me los quería sacar y me los quería comprar. Y no me los querían vender.
-Pero aparte éramos medio como una atracción. Nosotros éramos dos veteranos con la bolsa de los alfajores que nos habíamos comprado en Buenos Aires. Y estábamos ahí entre pelos crestas y pelos de colores.
-Fue una experiencia maravillosa.
-Maravillosa aunque yo me descompuse. Me tuvieron que internar un día. Si hubiéramos ganado un premio nos hubiéramos muerto. – bromea Javier entre risas con Rossana – Yo soy hipertenso y con la emoción del festival se me subió la presión. Me dieron un remedio en una sala de urgencias que me la bajó y me desmayé en el hotel. Luego me llevaron al hospital. Estuve un día, nos peleamos con los médicos. Ella lloró, yo grité… Y volvimos.
Entre autocríticas se ve la pasión que esta pareja tiene por el cine. Hablan de los festivales y los guiones con tanta emoción que es difícil seguirles el ritmo.
Martin Vuelve.
En 2025, cuando presentaron Martin Vuelve al Festival de Cine Nuevo, anfitrionado por Detour, lo primero que dicen es que “los perdonemos” porque la película es casera y no tenían tantos equipos, y que por eso es que era tan cortita, y que no tuvieron tiempo, y un par de cosas más que parecían haberse borrado de la memoria de todos apenas empezó la función. Luego bajaron del escenario, con sonrisas en los ojos, y se sentaron para ver su obra en pantalla grande por primera vez. La gente que fue a verla estaba toda en el medio de la sala, sonriendo atentamente y reaccionando en voz alta a los giros de la trama.
-Nosotros hacemos películas para nosotros, y por ahora han sido de entretenimiento. Pero la verdad es que hay mucho dentro. Hay mucho de nuestros temores, de nuestras psiquis, de nuestras inquietudes, de nuestras fantasías en una película. Martín Vuelve es una gilada. Pero yo qué sé, ahí nosotros hablamos del coronavirus, del encierro, de la soledad, de la memoria. – cuenta Javier.
Martin Vuelve fue descrita por Javier como una comedia, algo para distraerlos en momentos difíciles de sus vidas. Sin embargo, esta obra de 65 minutos es una manifestación de amor. Cada escena y personaje presentado muestra el compromiso de los directores, y cada aplauso, el apoyo de los espectadores.
Es su único largometraje por ahora, y el último proyecto que Rossana y Javier presentaron en festivales. Está inspirado en varias cosas. Javier describe primero que él tenía “ciertas inquietudes acerca de cómo funciona la memoria para la gente”:
-Es decir, parecería que hasta aproximadamente los 20 años, el pasado es casi la misma materia que el presente. Cuando empezamos a ser viejos, a cumplir 30 años, ya la memoria se empieza a poner rara. Empezamos a seleccionar recuerdos, decidimos que alguien tiene que ser el villano, que alguien tiene que ser el héroe, y lo que recordamos es una especie de película media falsa.
De ahí, vino la idea de la reunión de ex compañeros. Según ellos, uno de los mensajes que más se pueden destacar de la película, es que “las fotos no mienten, pero la idea que tenemos de la gente sí.”
Además, esta película está ambientada en el verano de 2022-2023, cuando termina la pandemia y empieza la guerra de Ucrania, dos cosas que a Javier lo afectaron mucho mentalmente. No por el encierro, el cual la pareja dice haber disfrutado mucho, ya que se la pasaban escribiendo y viendo películas, sino por los eventos catastróficos que ocurrían por fuera de su apartamento.
-A mí me había deprimido mucho, parecía que todos los gestos de solidaridad del mundo, de que se aplaudían a los médicos, y de que países que parecían enemigos se mandaban vacunas, parecía que ya no importaran. La gente empezó a ignorar las cosas importantes.
Por eso, Javier tuvo siempre claro que quería que Martin Vuelve ocurra en época de pandemia. Que los personajes estuvieran todos “encerrados fumando porro y escuchando a Santiago Motorizado, pero afuera andaban monstruos que entraban y pedían permiso y podía pasar cualquier cosa.”
Indicios de la pasión
Las ganas por crear son intensas y desbordan de todos lados. El compromiso con el arte es notorio, primero, por sus apuntes: la inmensa carpeta que tenía cada plano con dibujos, fotos, plantas para hacer, todo escrito y subrayado por ellos (“Ahí nos sale el arquitecto”). Segundo, por su forma de hablar del arte.
-Estamos todo el tiempo escribiendo. De hecho, tenemos otros guiones y ahora estamos con uno porque tenemos algunos que son medio… digo delirantes porque probablemente fueran cosas de demasiado alto presupuesto. Entonces tratamos de escribir algo más aterrizado. Pero nos encanta escribir y discutimos pila, obviamente. En la época de la pandemia, nosotros súper disfrutamos estar encerrados todo el día escribiendo. Capaz que había gente que estaba desesperada y que no se aguantaba con la pareja todo el día. Nosotros no – cuenta Rossana.
-Llevamos la computadora y las tarjetitas cuando vamos de viaje. Hemos escrito en hoteles. Escribimos todo el tiempo que tenemos libre.
Entre anécdotas, cuentan que el combustible más importante siempre ha sido fracasar. Cada vez que veían su obra en pantalla grande y no les gustaba, o la vez que mandaron su guion a un concurso en Hollywood para que se lo critiquen. Esos eventos son los que los motivaron a seguir, a que la próxima película sea mejor, y que nunca les afectó en nada “fracasar.”.
Entonces, esos “fracasos”, que los vamos a llamar “deslices”, son los que motivaron a Rossana, por ejemplo, a hacer el curso de posproducción y edición, de donde sacaron mucha gente que los ayude con el sonido y el arte. También la motivó a, para Hora del té, sentarse a colorear las cajitas fotograma por fotograma, cuando no tenía tiempo de aprender más sobre la aplicación de Premiere. Y también, cuando les falló el sonidista a 10 días del Festival de Cine Nuevo del año pasado, fue Rossana la que decidió sentarse a hacer el sonido ella misma, sin haber aprendido nada de sonido antes:
-Fue medio como las cajas rojas. A mano, fotograma por fotograma. El problema es que todas las escenas tenían eco. Cualquier persona que sabe y me escucha dice, “que anormal esta mujer se vino a enterar del eco de vieja…” Bueno, porque de vieja lo vine a hacer. Ahí es cuando me enteré. También intenté con tutoriales o qué sé yo, usar los programas de edición pero la verdad es que no me salió bien.
-Yo estaba acá con la computadora de mano mandándole a ella que tiene la computadora grande, que es una especie de isla que tenemos ahí que no les podemos mostrar porque está lleno de porquerias. Entonces le iba mandando los sonidos que iba buscando sin copyright. Necesito “una trompada”. Necesito un “ruido de monstruo”.

Futuro(s)
El primer guion de largo que escribieron es la película que sueñan en crear algún día, cuando tengan todos los recursos y todo el tiempo necesario.
-Si logramos esa película no jodemos más. Ya está – bromea Javier – Pero sino, ahora mismo tenemos un proyecto que está más sólido que los otros. Vamos a tener que aprender otra cosa que no sabemos que es producir una película como se debe.
-Estamos constantemente pensando en esa película…
-Es sobre una actriz veterana que ya no le dan papeles para actuar y que la visita una musa cuya misión es devolverle la vocación. Nos encantaría rodarla en Uruguay.
El sol ya está bajando, y Rossana y Javier, con su humildad al mando, recuerdan lo que vivieron, y describen lo que les falta.
-No nos pasa lo del orgullo de ser directores. En el “Rojo Sangre” nos pasaron a nosotros y después pasaron otros cortos que eran impresionantes. Yo quedé ¡guau! – exclama Rossana.
-Pero con mucha tranquilidad dijimos, bueno, el próximo tiene que ser mejor. No nos afectó en nada. Eso nos motiva.
