Pueblo Chico es un proyecto que lleva muchos años en desarrollo. ¿Cómo fue ese recorrido y de qué trata la película?
Sí, porque Pueblo Chico tiene ya muchos años. Hace más de diez que estamos tratando de hacerlo, desde que empezamos con el primer guion. Lo que pasa es que nos costó mucho conseguir la financiación para hacer una coproducción con un país o con otro. Ahora con Brasil y España logramos la financiación del proyecto y nos pusimos a elaborarlo.
Tiene que ver con un pueblo donde vive la gente normalmente. Es un pueblito que, a pesar de que vive en el momento actual, tiene computadoras y todo eso, se quedó un poco detenido en el tiempo. Y bueno, a raíz de una serie de hechos se descubre una nueva energía que hace que el pueblo crezca. Crezca porque hay un vendedor y todo eso, entonces la cosa crece, crece, crece, y el pueblo se va transformando exteriormente. Y la gente empieza a aflorar sus contradicciones, las envidias, lo que sea, un montón de cosas que empiezan a establecer un cortocircuito en las relaciones.
Hay un grupo de niños que, de alguna manera, si bien están en busca de una pelota que perdieron, son los que van descubriendo al final hacia dónde se dirige toda esa energía que ellos fabrican y que ha hecho que el pueblo, de alguna manera, se trastocara. Entonces ahí vuelve a una pseudo normalidad, porque cambian algunas cosas. Sigue siendo un pueblito como estructura, pero cambia, y la gente cambia y comprende varias cosas. Tiene que ver con las relaciones humanas, con los conflictos que hay y todo eso. Yo diría que es, de alguna manera, una apuesta a la esperanza del ser humano.
Escuchando la historia, parece una película pensada para todo público. ¿Por qué te parece importante contar esta historia para niños y niñas?
Sí, es una película más bien dirigida a partir de los cinco años para arriba.
Tiene que ver, de alguna manera, con determinados valores y determinada formación que tienen los niños. Siento que últimamente hay un cambio de actitud con respecto a todo: a la educación, internet, los celulares, la IA está incidiendo mucho y no sabemos a dónde vamos.
Entonces, de alguna manera, lo que estamos tratando de hacer con esta película es bajar a tierra y tratar de establecer mucho más la comunicación entre nosotros. Y sí, con determinados valores. También el hecho de que entiendan, a través de los mismos personajes, que la gente se puede equivocar.
Y que puede haber determinadas falsedades o cosas que uno persigue, como la riqueza o no sé qué, y que al final no son lo importante.
Tiene varias cosas. Espero que algún día la puedan ver.
Comentabas recién algunas de las dificultades para concretar el proyecto. ¿Qué otros obstáculos fueron apareciendo durante el proceso?
Bueno, mirá, dificultades son las normales en cualquier tipo de producción. Cuando vos estás haciendo un guion también entra un país coproductor y te pide determinadas cosas; entra otro y también. Y cuando hemos cambiado de país, también hubo cambios en el guion. El guion lo he escrito más de treinta veces a lo largo de su recorrido. Yo creo que hace más de diez años que estamos haciendo este proyecto.
Y el peor problema es la financiación. Conseguir el dinero para poder producir. Es una película cara. Para el Uruguay es cara. A nivel internacional es un regalo. Pero ni lo poco que pueda salir esta película a nivel internacional se consigue acá. Tenés que entrar en coproducción con otros países. También los apoyos que hay acá. Ganamos todos los concursos, todos los fondos que hay, y sin embargo no cubrimos la cuota que nos corresponde.
Cada uno de los tres países tiene más o menos una tercera parte. España tiene 30%, Brasil 35% y nosotros también 35%. Y bueno, en España es más fácil y en Brasil también. Para nosotros se hace difícil.
Y hasta ahora eso es lo peor. Porque en algún momento esto podría colapsar acá. No creo que afuera, pero sí acá. Colapsar en el sentido de que de repente no nos da el cuero. Porque hay muchos personajes, muchas cosas. A pesar de que dividimos la animación con Brasil, igual tenemos que arrancar. Es una producción larga.
Solo el rodaje nos va a llevar más de un año. Entonces uno puede planificar, pero a veces las circunstancias te llevan a que haya imponderables. Por ejemplo, estos días, con todo este cambio de clima, faltó un montón de gente que iba a trabajar porque tenían fiebre y no sé qué. Y eso vos no lo podés contemplar. Por más que planifiques todo, no lo podés contemplar.
Pero igual, con todo, lo bueno es que estamos todos con mucho entusiasmo, con muchas ganas de hacer la película. Creo que el mensaje es bueno y todos estamos aportando lo que podemos y de la mejor manera posible.
¿Cuándo calculás que se podría llegar a ver la película?
Por lo menos en 2028.
Todo este año y el año que viene va a estar en producción. Ojalá lleguemos a 2028. Tal vez podamos llegar a Annecy, que es el festival más importante de animación a nivel mundial. Ojalá podamos estar ahí en 2028.
Pero bueno, estamos en el camino y lo que hay que hacer es caminar.
Tengo una última pregunta. Escuchando la sinopsis y lo que venías comentando, parece haber una mirada sobre determinadas problemáticas contemporáneas. ¿De dónde sale la necesidad de contar esta historia?
Bueno, sí. Es una historia que nace acá, pero que tiene una trascendencia también universal.
Justamente, la idea es que ese hecho que se genera en el pueblo tenga trascendencia hacia afuera, aunque los personajes no se den cuenta. Porque, claro, si hay un vendedor que te vende cosas y te dice: “Esto tiene éxito, hay que seguir produciendo”, mientras vos recibas dinero, todo fenómeno, seguís adelante. Ahora, ¿para qué se usa eso? Ese es el gran problema.
Y ahí aparece el hecho universal. Por un lado, trasciende la región. Yo diría que trasciende América Latina y apunta a algo más universal. Ese hecho en sí mismo es el que produce todo este cambio dentro del pueblo.
Por ejemplo, la película empieza con un apagón. Hay un apagón en el pueblo y ahí aparece un cuestionamiento. Si falta la energía, parece que todo se muere, que no se puede hacer nada. Y ahí hay una cosa interesante para pensar: estamos todos dependiendo de la electricidad.
Cuando el pueblo se queda sin luz, se apela a hacer una comida, por ejemplo. Entonces la gente se junta. Son cosas que espero que den para pensar.
Me gustaba darle ese carácter. Si bien partimos de acá, tratamos de que sea algo con lo que se identifique sobre todo América Latina. Creemos que los diseños y las cosas tienen rasgos similares. Por lo menos con Brasil, que es el otro coproductor latinoamericano. Pero también uno mira otros lugares.
La otra vez estaba mirando escuelas de distintas partes del mundo. Entré a ver escuelas de Vietnam, de Londres, de no sé dónde, y muchas escuelas públicas tenían un alero adelante. Cuando hicimos el diseño de la escuela elegimos justamente un alero, como tienen muchas escuelas acá.
Y vimos que había algo ahí que también te identifica con otros países. Entonces, de alguna manera, describiendo tu aldea podés trascender al mundo.
Y bueno, eso es lo que quisiéramos lograr con la película.
