ROCK & ROLL ACTITUD (2017)

Fotograma del documental Rock and Roll Actitud

“Es un mal negocio en el cual estar

nadie te agradece y no te pagan.

Es un mundo difícil en dónde estar,

y en dónde terminar, y en siquiera pensar en dejar atrás”.

Liz Phair- Elvis Song.

 

Es un lugar común: no importa quién lo hizo primero, sino quién fue el segundo. El primero que llega puede abrir el camino, pero lo que sigue inmediatamente es lo que termina llevándose todo el crédito. Cadáveres Ilustres fueron los primeros. Una banda de casi adolescentes, a fines de la dictadura, que traían noticias de otros lugares. En ese momento la información escaseaba, y ellos traían desde España influencias que iban desde Siouxsie y The Cure hasta algunos exponentes de la movida española. Primitivos y precarios, no tenían mucho que ver con el rock de la época, en todo caso se adelantaron al sonido de la generación del boliche Juntacadáveres (no es casualidad que entre sus integrantes hayan estado dos futuros Buenos Muchachos). De una forma extraña, Cadáveres Ilustres estaba más cercano al rock ruidoso, oscuro y elemental de The Jesus & Mary Chain que al punk gritón politizado mucho más en voga a mediados de los 80’s en Montevideo. Sin embargo, los Cadáveres Ilustres no son una banda líder. Los nombres de los ya mencionados Buenos Muchachos, y principalmente de los Chicos Eléctricos son mucho más repetidos al hablar de esa época mitificada hasta el hartazgo.

Tampoco se trata de una banda maldita. La historia de los Cadáveres es también un lugar común. Es por lo que pasan la mayoría de las bandas. Muchachos jóvenes arman un grupo por amor a la música y eventualmente ese ímpetu es dejado atrás. Las personas envejecen y las ganas de comerse al mundo pasan por otro lado. Se arman familias, nacen hijos, se consiguen trabajos, etc.  La música entonces se vuelve más que nada un hobbie, algo para hacer como divertimiento antes que una labor artística. Parte de los más interesante de Rock & Roll Actitud, el documental de Javier Harabeydian, es que en no se trata de una historia de sórdidez, caída y redención. Es la historia de miles de personas, de cómo algunas cosas se dejan pasar, de cómo el tiempo pasa y el talento se puede terminar desaprovechando. No es una historia de perdedores, por más que haya cierto filo narrativo que quiera discurrir por ese lado, o la del llanto del varón derrotado por las siguientes generaciones, o incluso el envalentamiento del “ruac” como forma de vida, es decir, de un discurso remanido y ridiculizable. Se trata más bien la historia de la mayor parte de las personas que en algún momento hayan tenido una banda. Que Harabeydian logre interesar y hasta conmover con algo tan casual, cotidiano y ya visto, es probablemente la mayor de sus virtudes.

Haciendo uso extensivo de un material de archivo que se adivina (por la existencia casi secreta de la banda) relativamente limitado, Harabeydian cuenta la historia de dos cincuentones, Pablo Martín (cantante y letrista) y Rafael de Campo (baterista) que desde hace más de treinta años tienen una banda genuinamente de garage, que ya han resuelto algunas cosas al respecto de cómo contrastar su ego con la realidad, pero que de cualquier manera sienten algo de tristeza por lo que pudo haber sido. Ese material grumoso, de filmaciones vhs, de fotografías blanco y negro, junto a la filmación de ensayos, de toques y entrevistas a cámara, arma un documental convencional en lo formal, pero increíblemente efectivo, y hasta poderoso en sus alcances. Harabeydian cree en los sujetos que está retratando. Ese interés, en esas personas, el cariño que le trasmiten, termina siendo contagioso. Rock & Roll Actitud se vuelve entonces una épica de la anti-épica: la épica de cargar amplificadores hasta un boliche en San José, la de tocar para 50 personas y sentirse el rey del mundo. Una épica de subirse al escenario, hacer un poco de ruido y convivir con el paso del tiempo, el desgaste emocional y la certidumbre de que las cosas pueden haber pasado por encima. Es la de meterse en un negocio “difícil” como dice la canción de Liz Phair, sabiendo que las posibilidades de alcanzar un techo bajo son altas y llegar a algo más son pocas y que el ímpetu o la energía para lograrlo pueda traicionarte, pero que también se trata de un hábito (el de la música) imposible de abandonar.

Hay en varios de los testimonios un énfasis en la presencia escénica de Pablo en el escenario que se contrasta con algunas de los momentos en los cuales los vemos en vivo. Hay también ciertas declaraciones de Pablo acerca de cómo les suele ir mejor y sentirse mejor, en un escenario minúsculo de un boliche de mala muerte que frente a 1000 personas en un estadio. Cuando las imágenes de esos toques no terminan de convencernos acerca del carisma de su cantante se genera un comentario y una tensión: ¿forma parte de esa especie de auto-sabotaje intrínsico a la banda o, justamente, ningún registro cinematográfico va a hacerle justicia al acto de ver una banda en vivo? Esta tensión es resuelta de una bellísima manera en la que probablemente sea la mejor escena de la película (y que aparece, de una forma reducida, en el trailer). Pablo toma whisky, fuma un cigarro y mira por la ventana. Nada más que eso y, sin embargo, es mucho más cinematográfico que la mayoría del cine uruguayo que vi este año. Es una escena claramente montada, pero una que logra finalmente hacernos creer, a los espectadores, lo que los testimonios anunciaban. Pablo está actuando, jugando un poco, representándose a sí mismo de una forma que lo divierte pero que también lo representa. Y su rostro y sus gestos llenan el cuadro. Dan ganas que alguien se anime a expandir esa escena, a ver una ficción dónde Pablo interprete una versión mínimamente distorsionada de sí mismo por 90 minutos.

Rock & Roll Actitud es una película pequeña y querible, y al mismo tiempo gigante en sus alcances inesperados. Está un poco condenada al mismo ostraticismo que tiene la banda y como ellos es consciente de sus limitaciones y no le importa. Logra interesarnos en algo que a priori podía llegar a no importarnos: creer en (y querer a) sus sujetos. Lo hace sin manipularos de manera traicionera y sin subrayar lo que ya es obvio. No es poco.


TítuloRock & Roll Actitud. / Año: 2017. / Duración: 78 minutos. / País: Uruguay. / Dirección: Javier Hayrabedian/ Producción: Magalí Aguerre / Fotografía: Gonzalo Viera. / Elenco: Pablo Martín, Rafael Del Campo,Sebastián Nogueira, Christian Siri.

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