LA MARAVILLOSA HISTORIA DE WES ANDERSON Y ROALD DAHL 

Pocos meses después de su último largometraje, Asteroid City (2023), Wes Anderson lanzó junto a Netflix su nuevo proyecto. Inicialmente planteados como parte de un filme antológico pero que acabaron siendo lanzados como cortometrajes independientes, el director nos trajo La maravillosa historia de Henry Sugar, El cisne, El desratizador y Veneno; cuatro adaptaciones de historias cortas escritas por Roald Dahl, quien aparece interpretado por Ralph Fiennes dando comentarios en todos los cortometrajes. 

Este proyecto nos vuelve a mostrar el lado más rupturista del autor, que veníamos viendo tanto en La crónica francesa (2021) como en la ya mencionada Asteroid City. Anderson continúa experimentando con las formas de narrar una historia desde el mismo medio, en esta ocasión jugando con los límites de lo que puede o no ser llamado “adaptación”. 

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Más que una adaptación cinematográfica, los cortometrajes rozan lo que podría ser llamado un “audiolibro ilustrado”. Siguiendo una especie de teatralidad similar a la vista en Asteroid City, los personajes no son los personajes del cuento en sí, sino que son actores que, mirando a cámara, narran el cuento (diciendo textualmente lo escrito en los libros) a la vez que van representando algunas de las acciones que narran. 

Los sets también apoyan esta idea de teatralidad representada. Los personajes se mueven en los sets como por un escenario, siempre son conscientes de la cámara y la tratan como al público. Los efectos especiales (salvo por un momento específico de El desratizador en el que vemos una rata en stop-motion) están hechos enteramente con utilería física que podría usarse en una obra de teatro. Incluso, siendo esto lo más evidente, recurrentemente podemos ver de fondo personas del “staff” acomodando el escenario y trayendo utilería. 

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El cisne narra la historia de Peter Watson, un pibe fanático de las aves que es cruelmente torturado por unos bullies que acababan de obtener un arma como regalo de cumpleaños. Es un cuento oscuro que es narrado de forma inocente y con una seriedad que termina resultando chistosa incluso cuando lo contado es horrible. Es el cortometraje en el que más se exagera el recurso del staff y la utilería, los personajes prácticamente no hacen más que aparecer parados quietos al ser mencionados por el narrador (Rupert Friend). 

El desratizador narra la historia de, valga la redundancia, un desratizador (Ralph Fiennes) que le cuenta a un reportero (Richard Ayoade) y a un mecánico (Rupert Friend) su plan de ganarse la confianza de las ratas para poder exterminarlas. Es un cortometraje que poco a poco se vuelve cada vez más bizarro, sobre todo gracias a la excelente interpretación de Fiennes. 

Veneno narra la historia de Harry Pope (Benedict Cumberbatch), un hombre británico que no puede moverse de la cama porque descubre una serpiente bajo sus sábanas y le pide ayuda a Woods (Dev Patel), quien acude al doctor Ganderbai (Ben Kingsley), un médico bengalí que vive por la zona. Con un ritmo ágil, una puesta casi estática, tensión en aumento y un final sorprendente, este cortometraje transforma lo que parece una situación simple en algo que, sin entrar en spoilers, va más allá del veneno de la serpiente y entra en terrenos más trascendentes. 

Benedict Cumberbatch en uno de los cortos

La maravillosa historia de Henry Sugar narra la historia de Henry Sugar (Benedict Cumberbatch), un millonario que encuentra el diario de un médico (Dev Patel) que relata la historia de Imdad Khan (Ben Kingsley), un hombre que puede ver sin usar sus ojos; Sugar genera una obsesión y no para hasta terminar de desarrollar esta habilidad. Este mediometraje, que es con diferencia la obra más ambiciosa de las mencionadas hasta ahora, te sumerge en 40 minutos de narración hipnótica en la que es imposible desconcentrarse. 

Como director consagrado, Wes Anderson está aprovechando al máximo su situación actual y está haciendo exactamente lo que quiere sin limitarse a formatos o estructuras narrativas convencionales; y se nota que lo está disfrutando. El director mantiene su más que reconocible estilo artístico pero se dedica a experimentar con los límites y estándares establecidos del medio cinematográfico.

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