El legado de Lamas visto por una generación que no se crió siquiera con el video

Manuel Lamas ocupa un lugar muy particular en la historia cinematográfica de nuestro país. Supo ser una especie de buque parteaguas del cine de autor uruguayo, realizó durante los 90s al menos 5 películas independientes grabadas y lanzadas en VHS que rompieron el hielo para que el resto del cine nacional pueda navegar. Pero también cargó con el peso de que su ambición estuvo muy adelantada a las posibilidades técnicas de su tiempo. Después de un lapso de aparente olvido, a 20 años de su desaparición física, su presencia es más vigente que nunca: una proyección de Acto de violencia en una joven periodista (1988) afuera del Cine Universitario puede reunir a cientos de personas y “documentales” como Directamente para video (2021) resignifican su figura, adentrándose en un mundo fascinante de horror analógico. En este contexto, en el Festival de Cine Nuevo se estrenó un autoproclamado “video-corto” homenaje a su obra.

Para rendir tributo, principalmente a Acto de violencia en una joven periodista, en Qué bello es volver a mi patria su dupla directoral Ismael Costa y Thiago Lemos decide imitar la forma fílmica de Lamas. Lo que surgió como una limitación tecnológica, nacida de las imposibilidades de grabar y editar en video, acá son una decisión estética, por ejemplo: la música que deja de sonar abruptamente cuando hay algún diálogo, los torpes cortes a negro entre escena y escena, los misteriosos inserts que aparecen esporádicamente, que a veces el foco esté en otra parte del plano o se vaya completamente, o mismo, que los créditos iniciales y finales sean un documento de word grabado desde una pantalla. También se reconstruyen otros elementos del cine de Lamas, como los diálogos cursis de los personajes en los que cuentan tooooda su vida, ideas, filosofía e intenciones (que para peor, suelen estar grabados en largos planos fijos) o las actuaciones acartonadas como de telenovela, surgidas de la falta de experiencia y precedentes en el tipo de cine que Lamas proponía. Todo esto está introducido en el corto como parte del envoltorio necesario para que, como espectadores entendamos explícitamente el homenaje a este cineasta nacional.

Si empezamos a pelar ese envoltorio, nos damos cuenta que los elementos fundamentales de la historia de Acto de Violencia, también se encuentran acá. En ambos el protagonista es un periodista que se encuentra en el medio de una investigación sobre un tema puntual, en ambos hay un “asesino” stalker con malas intenciones, en ambos hay dos primos que se reúnen tras la vuelta de uno de los dos a Uruguay, pero en todos los casos hay una diferencia cabal que cambian totalmente el sabor de la obra.

La obra de Manuel Lamas es inseparable de su persona. Él fue alguien idiosincrático muy difícil de entender o resumir en pocas palabras. Considerando que nació en una época y contexto radicalmente diferente al que vivimos hoy en día, sus películas están llenas de conceptos muy progresistas. Por ejemplo, Ana, la protagonista de … Que fácil es mentirle a los hombres…! asciende desde la vida callejera hasta ser la primera presidente de Uruguay (recordemos que la película salió en 1996 y hoy, casi 30 años después, sigue sin haber una presidenta en la historia de este país). O en la misma Acto de Violencia, su protagonista Blanca sale airosa a pesar de todas circunstancias, y su arco de personaje es aprender a convivir con su soledad y ser feliz independiente de cualquier hombre. Pero estas ideas que miran hacia delante, están enmarcadas en una presentación inexplicablemente retrógrada, cargada de violencia física y verbal hacia ellas, la escena de la paliza a Ana (¡Que la deja en COMA!), es presentada con música circense muy alegre y en cámara lenta, o el final de Acto de Violencia, con Lamas deleitándose con el cuerpo desnudo de Blanca mientras entrecorta con planos de pájaros en la playa… Hay una gruesa capa en sus películas conformada de oscuras reflexiones sobre el género, la sexualidad y su intersección con la violencia en la que Qué bello es volver a mi patria decide no entrar: se pone un personaje masculino como protagonista y elimina completamente el sexo de su historia. Es curiosa esta elección y sus ramificaciones; como Rodolfo (Ismael Ibarburu) termina siendo la fusión de algunos elementos del personaje de Blanca y el de su pareja, como la relación que marca el relato es la de este con su prima, algo muy secundario en la película original. 

Otro cambio es el tema de la investigación del Periodista protagonista. La investigación que mueve a Rodolfo no es sobre un tema tan inabarcable y abstracto como “la violencia”, sino algo más específico. En la extensa entrevista documental con un experto real (otro recurso formal tomado de Lamas), se habla del lavado de activos. Esta decisión cambia el enfoque y relevancia del personaje del asesino, que deja de ser un psicópata con tintes hitchcockianos, y pasa a ser un típico Hombre Perro que, como todo Hombre Perro, no tiene intenciones homicidas. Cuando en la película de Lamas el conflicto a superar, la cosa que da cierre el tercer acto de la película, es derrotar a un ente violento, en Qué bello es volver a mi patria este mismo conflicto es algo fugaz que se soluciona al final del segundo acto. Este cambio, revela la verdadera intención detrás de este corto, que es dar luz sobre otra parte de la película de Lamas.

Qué bello es volver a mi patria (2025, Ismael Costa & Thiago Lemos)

Si este homenaje a Manuel Lamas no está particularmente interesado ni en el Acto de Violencia, ni en una Joven Periodista, entonces, ¿en qué parte de la película está interesado? Otro elemento recurrente de la película de Lamas, poco rescatado en la conciencia popular, tan centrada en sus panchos y repentinas publicidades de Coca-Cola, es su amor honesto por el país. Se habla de Uruguay con un poco de melancolía, se dice que no cambia y que supone un techo económico que limita los sueños de los protagonistas. Pero también, se lo filma con afecto, registrando lugares icónicos de su capital con reverencia: el Parque Rodó, la Rambla, la Plaza Matriz, 18 de Julio, la Feria de Tristán Narvaja, parte de la gracia de ver Acto de Violencia es que sirve como ventanita para ver estos lugares tal y como eran hace casi 40 años. La fusión documental-slasher terminó siendo uno de los testamentos audiovisuales más importantes y accesibles de Montevideo en los 80s. Inteligentemente, Costa y Lemos deciden explorar ese apartado y lo hilan desde el protagonista, que como dice el título del corto, está disfrutando de la belleza de volver a Uruguay. 

Una vez derrotado el Hombre Perro, el corto gira alrededor de la relación de Rodolfo con su prima. Él la ama, en gran medida porque ella parece ser la encarnación del país que él se vio forzado a dejar. Con ella habla sobre la identidad del uruguayo (u oriental, según la curiosa perspectiva de ese personaje) y al final, después de decir “¡Qué vivan los orientales!”, comienza una canción con su nombre, asociándola con los habitantes de la nación. Esta pasión por los lugares y la gente, desemboca, a su vez, en una pasión por la historia del país. Historia nacional de la que, dado el ejercicio de reverencia demostrado por el corto, sus directores no pretenden alienar la obra de Manuel Lamas y sus colaboradores.

Lemos y Costa abren el corto con texto que habla sobre la reivindicación de las figuras cinematográficas que los precedieron. En un medio dedicado a la difusión del cine nacional como este, no hay mensaje con el que estemos más de acuerdo: el cine es un testamento cultural como lo pueden ser los mismos edificios y lugares que Lamas grababa con tanto afecto. Cine como el de Lamas, que mueve a tanta gente y es tan querido, es sin dudas patrimonio nacional, incluso siendo tan de nicho. El impulso de rendir homenaje y de recordarlo, releerlo, tomárselo más o menos en serio como para homenajearlo, es una manera de proteger este patrimonio. Y eso me parece importante.

Aunque ahora, mientras escribo esto, también pienso en el texto con el que Lamas decidió abrir su película hace cuatro décadas: “Es seguro que muchos jóvenes talentosos uruguayos tomarán el enriquecedor camino del video para comunicarse mediante sus ideas y emociones con todos los pueblos hermanos del mundo”.

Tuvo que pasar mucho tiempo, pero su augurio se volvió realidad.

Qué bello es volver a mi patria (2025, Ismael Costa & Thiago Lemos)

Si quieren ver este corto, se va a exhibir el día 13/11 en el salón Ibañez, en una double feature directamente para video con Acto de Violencia sobre una Joven Periodista.

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