La Gran Palestina de Rafael Rangel y la noticia deseada

Cortesía Rafael Rangel “la única fotografía del making of”

Una película que no puede circular sin permiso de su director, y que en menos de 48 horas se volvió blanco del público y de la oposición

SOBRE EL ESCÁNDALO

En enero se estrenaron en la Cineteca Nacional de México las dos primeras partes de la “Trilogía de Gaza” del director oriundo de Michoacán Rafael Rangel; “Gaza, la franja del exterminio” y “La gran Palestina”. Esta última se proyectó el 1 de julio en la Universidad Nacional de Rosario, bajo una enorme polémica que inició el presidente argentino Javier Milei, acusándola de “fomentar el terrorismo”.

Un mes después, en Montevideo, el Centro de Estudiantes de la Facultad de Información y Comunicación (CEICo) programó como parte de su cine foro una proyección del filme el 12 de agosto a las 19:00 horas. Al comienzo de la jornada se comunicó la suspensión de la actividad a causa de una serie de acusaciones de “propaganda terrorista”, nada menos que en la sede de la Universidad de la República por parte de diputados de la oposición. Luego se esclareció públicamente que la cancelación la realizó el gremio estudiantil. El oficialismo no se pronunció, B’nai B’rith, considerada la mayor organización judía del mundo pidió investigar el caso, y en ningún momento se habló de la película en sí misma.

EL CINE QUE NO LLEGÓ

En Uruguay eran las 2 de la tarde y en México apenas las 11 de la mañana. Rafael Rangel accedió a conversar durante un ‘break’ mientras su equipo, con el que están preparando el fin de la “Trilogía de Gaza”, desayunaba.

Uno de los ejes centrales de la polémica fue la circulación de un póster con miembros de Hamás empuñando armas en primer plano. ¿A qué se debe la decisión de esta imagen alternativa a la de la niña?

Mira, agradezco esta pregunta. Porque, exactamente, el cartel salió primero, por cuestión de síntesis, “en colaboración con Hamás”, que suscitó todo este movimiento y, llamémosle por su nombre, escándalo. Entonces ahí solicité al diseñador que fuese más específico, que no fuera tan abierta la frase. Se decidió cambiar en la última versión, y es la que ya se maneja para todas las proyecciones, la segunda frase que es “En colaboración con combatientes de Hamás”. Entonces ahí ya quedó claro. Quien no presta atención a ello, pues, se puede suscitar a confusión. Pero agradezco la pregunta porque efectivamente, hay un primer cartel que, repito, se utilizó por cuestión de síntesis y de inmediatez, sin calcular el efecto que podía tener eso.

¿A ti te parece que un póster y otro tienen el mismo valor estético?

No, por supuesto que no, son dos aspectos diferentes; los dos son víctimas. Mi percepción es esa. La cúpula de Hamás se maneja como ellos deben de manejarse, supongo yo. Y siempre hay estas versiones encontradas de cómo se maneja la organización Hamás como tal. ¿Pero qué es la organización? La base de la organización Hamás es el pueblo de Palestina, son hombres de Palestina que están luchando en su propia tierra contra el quinto ejército más poderoso del planeta; son ellos con los que yo me identifico.

Uno opta por el camino de las armas

Sí. Porque además, debo especificar también que los dos colaboradores que participaron, y que yo me siento muy orgulloso de haberlo logrado, son fotógrafos profesionales que, dentro de la organización Hamás, dentro de los combatientes, ellos ni siquiera portan armas. Su arma es una cámara fotográfica para hacer un registro desde la perspectiva de Palestina. 

Afiches de La gran palestina

Acá en Uruguay se estuvo manejando incluso que ese póster con el miembro de Hamás era falso. Luego ya, rápidamente, se comprobó que en efecto era un póster que tenía tu autorización como director. Pero cuando se habla de la colaboración con Hamás de la película, son dos fotógrafos en un equipo de más o menos trece catorce personas. ¿Estoy en lo correcto?

Son doce fotógrafos profesionales, todos ellos palestinos, y dos de ellos son de Hamás. Dos fotógrafos son de Hamas. Su tarea es hacer un registro de los sucesos desde el punto de vista de ellos. Obviamente a mí como documentalista me interesan todos los puntos de vista.  Yo no justifico lo que hizo Hamás el 7 de octubre de hace tres años; cualquier acto de violencia yo siempre estaré en contra de ello. Pero también debemos de ver este otro aspecto. Yo veo la necesidad de un documental como este porque los medios masivos del planeta entero hablan solamente del lado israelí. Y Occidente es la versión que tiene. No hay ningún medio que nos hable profesionalmente de la voz Palestina.

¿Con qué va a finalizar la trilogía?

Va a finalizar con un aspecto interesante que platicamos Mahmoud Zaqout, que es mi colaborador principal. Él también es palestino, y llegamos a la conclusión de que se requiere ver una Palestina de antes del 7 de octubre para darnos cuenta que Gaza no es un montón de escombros, ni lo son el resto de territorios ya totalmente destruidos. Y la percepción del mundo entero es que Palestina es eso, y no es así. Palestina era una bella ciudad histórica llena de gente trabajadora, una ciudad como la tuya, como la mía, como la de cualquiera. Entonces vamos a cerrar la trilogía con ese aspecto; entrevistas de personas en los escombros de sus casas, hablando de cómo era antes Palestina y cómo era su vida

¿Cómo llega la película a ELA (Espacios Libres de Apartheid)?

Cada proyección tiene mi autorización. Cada una, sea donde sea, por pequeña o grande que sea solicitan primero mi autorización. Y yo personalmente, o cualquier persona de mi equipo envía la película. Las personas que la soliciten están libres de pago de derechos autorales porque aquí lo importante es dar a conocer la perspectiva cien por ciento Palestina. Incluso yo estuve tentado cuando comencé este proyecto hace tres años de acudir a voces especializadas  en el tema, como Ilan Pappé o Norman Finkelstein y luego decidí no hacerlo porque eso ya podría darle un sesgo al documental muy claro y una tendencia muy clara. Yo preferí dejar las voces auténticas de Palestina, de las personas de a pie, a ras de piso. Es todo lo que vemos; es a ras de piso de la población palestina real. El punto de vista de ellos y cómo lo sufren y cómo lo viven y cómo lo enfrentan. Ese es el valor de este documental, no hay una voz en off que te esté diciendo qué pensar y qué reflexionar, sino simplemente las personas que lo viven.

¿QUIÉN ES RAFAEL RANGEL?

¿Qué poder tiene el documental por encima de la ficción?

Soy muy malo para reflexionar al respecto y hacer estas comparaciones; los dos tienen un valor fundamental. Uno por una cosa y otro por otra. Efectivamente yo soy cineasta de ficción, yo me formé haciendo películas de ficción. Pero resulta que al final de cuentas ya son más de veinte años dedicándome al cine y solamente tengo dos películas de ficción y tengo ocho o nueve documentales hechos. Mi interés es hacer cine, entonces me jaló hacer documental; lo sentí más necesario, lo veo más necesario.

Estamos viviendo unos tiempos caóticos, que la verdad pienso siempre han sido caóticos en la historia de la humanidad. Entonces, es dejar un poco de una perspectiva personal de lo que uno va encontrando. Yo cuando comencé la trilogía de Palestina ya tenía un proyecto muy avanzado sobre la esclavitud infantil en la India, ya estaba a punto de volar a la India para comenzar a filmar ese otro proyecto. Pero surgió esto de Palestina, a raíz del 7 de octubre, y decidí abordar ese tema. Es decir, siempre estoy buscando temas que a mí me parecen importantes de abordar y que no es lo mismo verlo en una sala de cine, en no sé cuántos metros cuadrados, en una sala oscura, donde es una especie de hipnosis en la que la gente no puede distraerse con otros elementos, y estar sentados una hora y media o dos horas concentrados en un solo tema, es algo muy diferente que verlo en la pantalla de tu teléfono. Ahí es donde creo fundamental abordar temas actuales. 

¿Tú vives exclusivamente del cine?

Es una fibra delicada porque es toda una historia de vida. Yo desde la infancia, no sé por qué razón porque nadie en mi familia se dedica a ello, me interesé siempre por el cine. Obviamente mi  situación económica no me lo permitía. Intenté hacerlo. Me di cuenta que para dedicarte al cine había que tener una economía sana, por lo menos. Entonces abandoné los sueños y me dediqué a trabajar y a intentar hacer negocios. Afortunadamente, mis decisiones dieron buenos resultados y solucioné esa parte económica. Entonces, las nueve o diez películas he podido hacerlas con economía propia, autosuficiente, gracias a que me fue bien en los negocios. No me gusta hablar de ese tema porque entonces ya me coloca en una situación de ventaja. Hay mucho prejuicio con las personas que tienen una economía suficiente para sobrevivir más o menos.

¿El valor cinematográfico peligra cuando se hace cine solamente por urgencia o porque “esto es lo que hay que hacer ahora y hay que hacerlo como se tenga que hacer en este momento, en este instante histórico”?

Es una muy buena pregunta. Hice también un documental, hablo de este ejemplo porque es para responder a tu pregunta específicamente, no recuerdo que años (2014) se suscitó estos hechos atroces, también trágicos, de los cuarenta y tres chicos de Ayotzinapa aquí en México, aún ahí había una narrativa de ellos como delincuentes, cuando decidí ir con mi equipo a Ayotzinapa a hacer el documental aprendí esto que tú estás mencionando. Justamente porque en ese tiempo venía de hacer una o dos películas de ficción, como ya lo dije. Al llegar a Ayotzinapa quería llevar ese lenguaje cinematográfico, un tanto exquisito, muy cuidado, muy con unas preocupaciones autorales, muy estéticas y muy claras, para realizar este documental. Entonces yo me topé con la realidad de estos chicos y de esta inmediatez y de esta necesidad, y es otra dinámica completamente. Además, yo sigo la escuela de un gran documentalista brasileño que se llama Eduardo Coutiño, que él llama a esto antropología de la imagen.

Ahí ya no pones tus preocupaciones estéticas en lo que necesitas hablar. Es al revés, la realidad se impone a tus preocupaciones estéticas. Puedes rescatar ahí un poco, si tienes convicciones muy claras puedes dar indicaciones al fotógrafo y al editor, pero siempre la prioridad es la realidad, es ser lo más objetivo posible, y el precio a pagar es estos gustos personales, estéticos, que se someten a ello. Y de eso se ha hablado hace diez, doce años, no sé cuánto. Entonces, a lo largo de ese tiempo he hecho otros documentales que los hago bajo esa premisa. Y esta trilogía de Palestina es la máxima exigencia de esto que te acabo de explicar, por todas las circunstancias obvias que podemos hablar.

¿Ves factible un regreso a la ficción de Rafael Rangel?

Sí. Tengo muchos proyectos ahí guardados. Y siempre voy a tener esa inquietud de hacer un cine autoral, un cine personal, de estas locuras que uno trae en la cabeza. Lo máximo que logré fue hacer un híbrido de los dos aspectos: mis preocupaciones estéticas y la realidad. Fue lo que yo llamo un ensayo documental.

Antes de iniciar con lo de Palestina, yo me encontraba viviendo en Londres y ahí hice un docuficción llamado Mister London Night, sobre una persona que vive casi en condiciones de indigencia. Me pareció muy interesante hacer una docuficción con él, porque además se prestó, fue muy entusiasta le planteé hacer una película de su vida; era una persona que migró de Praga a Londres con un sueño, y terminó como indigente viviendo en un bote en los canales de la capital. Y además con una postura, era increíble como coincidimos él y yo en la postura ante el capitalismo, era como hablar casi conmigo mismo. Coincidimos en todo. Eso fue muy satisfactorio para mí como autor.

Pienso, que por ejemplo, lo de India también, creo que también retomaré ese proyecto y será algo muy similar a lo que hice en Londres. Es decir, ya poco a poco estoy encontrando esa simbiosis entre ficción y documental. Que no es nada nuevo, no estoy descubriendo nada; es lo que se llama docu-ficción. Y creo que ahí es donde me encuentro muy bien. No es que esté descubriendo nada. En el caso de Palestina fue imposible hacer esa simbiosis, ahí sí tenía que ser cien por ciento documental y punto. Si acaso ensayo. Porque me doy muchas libertades, no sigo las reglas ni nada. 

LA IMPORTANCIA DE DOCUMENTAR

En contacto con Inés Trabal, integrante de la Coordinación por Palestina de Uruguay y de Espacios Libres de Apartheid, se le consultó por la invitación a los diputados, principalmente al colorado Felipe Schipani, a ver la película, y cómo vivieron la repercusión mediática. Trabal destacó el comunicado de ELA, “subrayando el hecho de que la bajada fue desde el desconocimiento de la película, empezando por el diputado Schipani. Desde a prioris especificados en su discurso, pero justamente a contrastar de manera argumentada habiendo visto el material”.

Continuó, “La mención de Schipani en la invitación final es un recurso poético, la parte por el todo, pero la frase siguiente hacía extensiva la invitación ‘a todos los interesados’. Me doy cuenta ahora que es una palabra muy acertada por lo polisémica: los interesados, con inquietudes por conocer otras voces, mucho más acalladas debido al encierro y el bloqueo, el bombardeo, por estar viviendo en condiciones infrahumanas, porque se han matado 256 periodistas en Gaza (sobre una población total de 2 millones de personas), porque Israel ha prohibido el ingreso de periodistas extranjeros a Gaza, incluso durante el llamado cese al fuego, y tantas cosas que no dan los espacios para listar. Pero la palabra también se usa para incluir a quienes pueden tener interés, e intereses, desde una parcialidad, tanto sea a favor como en contra, para poner justamente a prueba sus posiciones. (…)

Medios de comunicación en esta época son muchos. Los hegemónicos, de la línea que sea, y alternativos. Todos tomaron la censura. En ese sentido colaboraron para dar visibilidad tanto a la película como a lo que se cierne en torno a una posible exhibición. Los hegemónicos entonces, intentando potenciar su discurso de censura a la lucha del pueblo palestino, y subrayar la posición de víctima del agresor, Israel. Y recibiendo muchos comentarios cuando sus miradas eran difundidas en internet; diría que en su mayoría cuestionando la censura y señalando la importancia del derecho a la libre expresión. Los medios alternativos (que de hecho incluyen espacios más o menos profesionales hasta personas sin especial dedicación, y mayor o menor nivel de calidad, al igual que los hegemónicos) amplificaron todas esas voces (…)

Mucha más gente está ahora enterada de la existencia de la película, y atenta para verla cuando se proyecte. Luego, hablarán, como pedimos, con más propiedad, de la misma”, concluyó Trabal, y agregó “la importancia de documentar, y, como ocurre en el caso de La gran Palestina, el valor compartir lo documentado de manera accesible, sensible, reflexiva, y así contribuir a la gran conversación que nos debemos todos”.

BREVE COMENTARIO SOBRE LA PELÍCULA

La mención de Rangel a Eduardo Coutinho, cineasta brasileño asesinado en 2014, y uno de los referentes del legendario Globo Reporter de la Rede Globo, sirve como coordenada y manifiesto del tipo de cine que quiere realizar. El filme comienza con material de archivo junto a carteles que nos narran la llegada de judíos a Palestina durante las primeras décadas del siglo XX. El final de este prólogo, antes del primer capítulo de la película es una fotografía muy elocuente con todo lo que se viene. Un barco de refugiados judíos que llegó al puerto de Gaza en 1947 con una tela que decía, “Los alemanes destruyeron nuestras familias y hogares. Ustedes no destruyan nuestras esperanzas”.

En La gran Palestina el único momento donde interviene una voz en off es para escuchar al poeta Marwan Makhoul, autor de la frase “para escribir poesía que no sea política debo escuchar a los pájaros”, el texto “Nueva Gaza”, junto a imágenes aéreas y de fotógrafos de cientos y miles de palestinos volviendo tras el cese al fuego del 19 de enero de 2025. Luego la película es registro puro, muchas veces de teléfonos celulares, que nos recuerdan a reels de Instagram que hemos visto y, probablemente, salteado casi al instante por el horror. No hay morbo cuando estamos ante el registro crudo y la amplificación urgente de un pueblo que está sufriendo. Hay una reconstrucción histórica constante, rescate de casos que efectivamente los occidentales no conocemos, y escenas, sobre todo llegando al final, que son tortuosas no por búsqueda del equipo, sino porque, efectivamente, se está filmando un exterminio.

El 14 de agosto, Rangel, en entrevista con el semanario Brecha, declaró que el lugar idóneo para ver esta película seguramente sean universidades. El espectador (más si se trata de un estudiante de la Licenciatura de Comunicación) debe estar preparado para enfrentar cualquier tipo de material, y por esta situación la laicidad no peligra; este carácter inexorable para una educación justa se fortalece en el acceso a todas las voces posibles de una misma situación. Programar cine es una responsabilidad, más cuando, cada vez más, en pleno siglo XXI se está eligiendo qué se puede ver y qué no.

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