El cine nuevo (II): Las Aventuras del Doctor Atlas y el Ecolector

El nombre de este corto es una trampa, estas no son las aventuras del Doctor Atlas y el Ecolector…

Bueno, ahora estoy yo haciendo trampa: a un nivel básico, sí estamos viendo las aventuras de dos personajes, el Doctor Atlas (Santiago Pantolfo, también director y guionista) y el Ecolector (Pablo López).  Ambos son una especie de dupla YouTuber friki, que ganan su pan diario de hacer videos de curiosidades para una audiencia infantil que está estancada numéricamente desde su prime hace 10 años. El Doctor Atlas, líder del canal, quiere cambiar el canal para conseguir más audiencia: hacer más videos escritos con chat gpt, que apelen a temas populares y tengan branding con marcas de bitcoin y gambling. Ecolector, el eterno sidekick, duda de esa autoexplotación propia, arrepintiéndose de su vida como creador de contenido.

Esta historia se cuenta creando un contraste visual evidente: salta de unos videos coloridos y con excesiva edición artificial, en el cliché de hacer todo estimulante para maximizar audience retention, a un blanco y negro de la realidad. También hay una sección caminata por las calles de Paysandú, cuyo cúlmine es una feria/festival con estatuas de payasos, ante las cuales el Ecolector reflexionará sobre su vida. Y ese ejercicio de reflexión es lo que hace a este corto no sobre los dos protagonistas titulares, sino sobre todos nosotros, los mortales humanos que deambulamos, celular en mano, sobre esta tierra. 

Hoy todo pasa por las redes sociales; un ejemplo rápido: ¿querés abrir un emprendimiento de cualquier tipo? Digamos, una cafetería. Para no fundirte, tenés que hacerle un Instagram para promocionarlo, llevar gente a que te pague el espresso. ¿Querés que ese content promocional de la cafetería tenga más de 2 likes? Tenés que crearle un branding, transformar esa cafetería normal, en una cafetería comercializable en los algoritmos de Meta. Y así, tu cafetería se vuelve Hiroshima cafetería, la cafetería para fanáticos de Pablo Stoll, y así en tu día a día tenés que estar subiendo reels de la cafetería, que de pronto, tiene productos llamados El capuchino del verano y 3 (es jugo de naranja), y vos te vestís de camisa a cuadros como Jacobo en Whisky. Al final, tu imagen se volvió indistinguible de la que vendías: has entrado en la liquidificación moderna, donde vos sos el producto. 

Por eso es un acierto de Pandolfo incluir vampiros (Perdón por el spoiler, yo tampoco me lo esperaba), porque ser “creador de contenido” se siente como un vampirismo constante de parte de las redes sociales. También es un acierto de su parte haber incluido en el guión esta reflexión del Ecolector: “Sé que antagonicé mi narrativa, y me convertí en lo que sólo juré interpretar”.

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