El local abría a las diez de la mañana y ese fue el horario en que se acordó la entrevista. Alan llegó unos minutos antes y, sin saber que el local no había abierto, empezó a forzar la entrada. El dueño no entendió nada y le dijo “mirá que ya estaba por abrir, eh”, mientras pensaba: “¿por qué este tipo tenía tanto apuro por entrar y, ahora que entró, se quedó quieto mirando el celular sin pedirse nada?” Después llegamos y arrancó la entrevista.
Entendemos que Alan, el personaje protagonista de la película –interpretado por vos- está fuertemente inspirado en tu persona; la pregunta es: ¿cuánto del Alan real hay en Sanguche Caliente?
No es la primera vez que Manuel escribe un personaje pensando en que yo lo voy a actuar.
Pasó en Relocos y repasados, pasó en Alan también De Achuras 2 –que tampoco es casualidad que se llame Alan- y en este, que también se llama Alan, pero es otro.
Este es otro Alan, que es muy parecido, pero no es el mismo.
Manuel se inspiró bastante en mi vida. De hecho, tuvo que en inspirarse en mi vida para que se pueda filmar mi casa y para que las cosas que tengo al alcance formen parte de la historia.
El muñeco que se usa en la peli era mío. Mi casa es mi casa. Eso abarata mucho los costos de producción cuando es una película con un esquema así tan chiquito.
Eso: en este caso sí. Está muy inspirado en mi vida. Aclaro: no me metí una bolsa de cocaína en el culo, no lo recomiendo. Si quieren intentarlo, se hacen cargo ustedes y no me mencionan.
¿Cómo fueron tus inicios en el audiovisual?
Yo estudié comunicación audiovisual en la ORT, pero en realidad es así: cuando estudiás la licenciatura en comunicación audiovisual tenés alguna materia de cine en el segundo año, alguna introductoria interesante antes y después todas te dan igual. Economía, historia uruguaya, cosas que ya viste en el liceo.
Entonces yo fui eludiendo las cosas que no me interesaban para centrarme en agarrar los conocimientos de cine que me gustaban. Aprender a editar y, bueno, todo lo que sirva para hacer películas -o cosas audiovisuales-.
Después arranqué a hacer trabajitos chicos y, al mismo tiempo, me llama Manuel Facal diciendo que tenía el personaje para Relocos y repasados y que había pensado en mí.
Ahí estuve en una película y dije: “esto es lo que quiero hacer pero no quiero hacer más la facultad”, entonces, nada, empecé a hacer cosas relacionadas. Tuve la suerte de que un amigo se iba a ir a Berlín y ahí entré en Bendita TV, que fue lo que me hizo meterme ahí en los medios.
Ahí empecé como visualizador. Básicamente lo que hacía en Bendita TV era mirar la tele para buscar que alguien se caiga u otros errores. Éramos cuatro. Yo estaba ahí con una compu mirando todo el día la televisión uruguaya.
Y así quedé: trastornado. La única forma para mirar televisión uruguaya es que te paguen.
De hecho, mi trabajo actual también tiene que ver con eso, y también me pagan entonces está todo bien.
Nada: hicimos Relocos y repasados y después el mismo año hicimos Achuras 2. Dos años después hicimos Fiesta Nibiru. Siempre había un mambo. Y bueno, ahora está Sánguche Caliente.
Siempre estuve vinculado al audiovisual, pero hubo un impasse bastante traumático para mí, cerca de la pandemia, cuando tuve que trabajar en gastronomía. Para mí es lo peor que hay en la vida. Y de ahí también salió parte del personaje: yo trabajando en una hamburguesería, sufriendo día a día, buscando ser feliz y recibiendo quejas de señoras que me reclamaban que su hamburguesa tenía mayonesa: “Vieja pelotuda, sacale la mayonesa vos, ¿tan grave está su artrosis?”. Y de ahí se inspiró Manuel.
Sos conocido sobre todo por tu faceta actor, pero en una entrevista dijiste que te gusta más estar detrás de cámara. ¿Podés desarrollar eso?
Sí. Me da vergüenza estar delante de cámara, aunque reconozco que funciono ahí. Suena agrandado, pero creo que tengo algo particular en cómo me veo y cómo interactúo con la cámara. Reconozco que garpo. Está bien que Manuel me use o que me llamen para una publicidad. Soy un gordo con barba y no hay tantos gordos con barba que estén tan sueltos, capaz por la gordofobia instalada en el universo o vaya uno a saber.
No hago castings, no por creído, sino porque si alguien busca un tipo como yo, me va a llamar directamente. Pero no es lo que más disfruto. Nunca estudié actuación: fui una vez a una clase de teatro y salí corriendo. Teníamos que caminar y tocarnos la cara, y yo transpiro mucho, así que me sentía muy incómodo. No entendí qué tenía que ver eso con actuar.
Prefiero estar detrás de cámara. De hecho, me presenté al FONA con mi primer largometraje como director.
Pasando a Sánguche Caliente: además de tu amor por los Ramones, ¿qué influencias musicales tuvo la película?
Escuchás las canciones y son Los Ramones, Expulsados, que básicamente se inspiraron Los Ramones. Hay algo de Sandro también, en una parte hago un grito inspirado en él. Pero en esencia son tres acordes: la, re, mi. Todos en la misma tonalidad porque ahí me queda cómoda la voz. Yo toqué guitarra, bajo y canté; la batería la grabó el Goma, de Obelisco.
El último tema, el de los créditos, es más personal: lo compuse yo, a diferencia de los demás que son de Manuel. Es más pop punk, tipo Blink-182.
¿Cuánto duró el proceso de producción de la película?
Desde 2022 hasta fines del año pasado. Ponele dos años, que es bastante express para una película uruguaya.
¿Por qué tardaron un año en estrenarla desde la premiere en el Detour?
Después del estreno en Detour, en octubre, venía noviembre, ahí ya hay pan dulce en las vidrieras, la gente está en otra. Después verano, carnaval… en marzo arranca todo pero tampoco es buena fecha, ahí recién empezás a pedir fondos para estrenar. Así se fue dando. Estrenamos ahora en octubre, con el apoyo del ACAU y el Fondo de Promoción, que nos ayudó con la difusión y el merchandising.
Pero bueno, hoy todo es inmediato. Pero también se genera hype: si toda la gente que me preguntó por la película fuera a verla, nos haríamos millonarios. Pero no, van a esperar que la subamos online, y no va a pasar pronto. Así que vayan al cine.
Siendo Sánguche Caliente una película tan frenética —y hablando del “attention span” de hoy—, ¿qué opinás de quienes dicen que el cine uruguayo es lento y de autor?
Que tienen razón. No es mentira. Yo escuché a Troncoso decir que el cine uruguayo ya no es lento, que eso se terminó… y no es así. Todavía se hacen muchas películas que son un bodrio, inmirables. Pero también es cierto que hace más de diez, veinte años que se viene haciendo cine de género, cine movido, cine mirable.
Lo que pasa es que en Uruguay todo tarda en llegar, incluso a los propios uruguayos. Entonces recién ahora se empieza a decir “ahora sí”, pero en realidad eso ya viene pasando hace rato. Miss Tacuarembó, por ejemplo, no tiene dos años, y ya iba por ese lado.
Así que sí, tienen razón en parte, pero también hay otro cine uruguayo que existe hace mucho y vale la pena ver.
¿Y qué opinás del cine uruguayo en general?
Voy a ser honesto: a mí no me gusta el cine uruguayo. No lo consumo. A no ser que sea de un amigo, no la voy a ver. No porque tenga algo en contra, sino porque no me interesa.
Yo miro películas de terror de los 80, cine viejo, cosas que acá no se hacen o que no vi que se hagan. No soy “anti cine uruguayo”, ni odio a nadie del audiovisual, nada de eso. Simplemente me aburre.
¿Y del cine B? Como las pelis de Ricardo Islas.
Ah, bueno, eso sí. Ese es el verdadero cine uruguayo para mí. Ricardo Islas, Manuel Lamas… y Manuel Facal, claro. Cuando yo no conocía a Facal, era mi ídolo. Una amiga me pasó un pendrive con Achuras 1 y no lo podía creer. Pensaba: “Este tipo filmó en con una cámara de mierda, algo que me encanta, y encima acá”.
Después cumplí el sueño de estar en Achuras 2, que ahora se pasa también en Detour. Vayan a verla, porque es una oportunidad única. La peli no tuvo circuito en salas: hacíamos “Achufiestas”, donde se pasaba la peli y después tocaba Olgas, la banda de la película.
Ahora va a proyectarse en la sala Camacuá, que está buenísima y se escucha bárbaro. Hay que ir con una galletita canábica o un vino, algo que te meta en tono con la película.
Volviendo a ese tipo de cine: Ricardo Islas es un referente para vos, ¿no?
Totalmente. Es lo más grande que hay. Tuve la suerte de conocerlo cuando vino a filmar Al morir la matinée. Es un crack. A fines de los 80 y principios de los 90, en Colonia del Sacramento hacía cómics y cine de género con una calidad impresionante.
Muchos menosprecian ese tipo de cine, pero está buenísimo, mucho mejor que varias películas hechas con presupuestos enormes. Si Ricardo Islas hubiera tenido el presupuesto de otras producciones grandes, todo el mundo estaría hablando de él.
Una vez, cuando cerró la Cinemateca de Lorenzo Carnelli, entré a las catacumbas y me puse a buscar algo para rescatar. Y ahí estaba: El almohadón de plumas de Ricardo Islas en VHS. Era el santo grial del coleccionismo de VHS’s uruguayos. Lo agarré y me lo llevé. No por robar, sino para cuidarlo mejor que lo que lo estaban cuidando ahí. Era una obra de arte tirada ahí en las catacumbas de Cinemateca, llena de polvo. Tanto que hablan de preservar archivos y de cuidar… y eso estaba así.
De Ricardo Islas también tengo Rumbo a la oscuridad, otro VHS raro. Yo quería la tapa y no la tenía, entonces le pedí a Ricardo Islas que escanee la tapa de su copia para que yo pueda imprimirla; y después de imprimirla le recorté las mismas partes que tenía rotas su VHS. Entonces yo tengo un VHS de Rumbo a la oscuridad con la tapa rota exactamente de la misma forma que la tapa del que tiene Ricardo Islas. Que a nadie le importa, pero es muy loco.
¿La colección de VHS’s que se ve en Sánguche Caliente es tuya?
Sí, es el cuarto del medio de mi casa. Pero aclaro: no es que me gusta el formato. Eso es una boludez.
No soy de mirar las pelis en VHS. Las tengo por lo que representan, por la rareza. Es como con los vinilos: yo escucho en Spotify. Todo lo miro en digital, salvo los que no existen en otro formato, como El almohadón de plumas, que solo está en VHS.
Hace unos años me dio la locura nostálgica y armé un “videoclub” en casa. Después tiré casi todo al contenedor. Cuando estaba tirando los VHS, me escribió Christian Font: “Pará, no tires nada”. Vino con una camioneta y se llevó gran parte de la colección. Yo me quedé con los que más me gustan: Ghoulies 2, Scream 1, 2 y 3, Psicosis, Plan 9 del espacio exterior…
Vi que remataron en el Detour el VHS de Sánguche Caliente y se vendió a 350 pesos. En Argentina ese VHS vale 400 pesos mínimo, y cuando salga acá va a ser mucho más caro. El que se lo llevó es un afortunado, y Juan Andrés perdió plata.
En la película hay muchos gags y transiciones que dependen del montaje. Manuel decía que estaba pensada con un ritmo medio “TikTok”. ¿Cómo fue el proceso de edición junto a Joaquín?
No estuve muy metido en la edición, pero la viví desde afuera. Manuel estaba en Argentina y Joaquín acá, así que editaban por Zoom, compartiendo pantalla. Un quilombo, pero salió.
Joaquín me encanta como editor, tiene un ritmo increíble. Editó Achuras 2, por ejemplo, que se te pasa volando. De hecho, en Sánguche Caliente nos pasó algo parecido: pensábamos que la peli duraba sesenta y pico de minutos y en realidad duraba cuarenta. Tuvimos que volver a filmar algunas escenas.
La edición es adrenalínica. Los primeros cinco minutos son puro vértigo. Cuando la veo con gente, me pasa eso de mirar si están mirando. Me molesta cuando alguien se distrae justo en un momento clave. Sánguche Caliente empieza a mil, después baja un poco, pero mantiene ese pulso.
Y sí, tiene algo de formato TikTok. Vivimos en un mundo efímero, y capaz que por eso tampoco me gusta tanto el cine uruguayo: si comparás este montaje con el del cine clásico uruguayo, son dos mundos. Pero todo es cine uruguayo al final, solo que este está en otro ritmo.
¿Cómo empezó tu relación creativa con Manuel Facal?
La relación empezó cuando una amiga me pasó Achuras 1 en un pendrive. La vi y no lo podía creer. Era otra época, no había tanta información en internet. Yo tenía 20 y pico y me puse a investigar. Nuestros grupos de amigos terminaron cruzándose, y de ahí nació la amistad.
Parece que Manuel me miró y sintió algo —no sexual, o capaz sí, no sé— pero algo que lo inspiró. Y empezó a escribirme personajes. Después nos hicimos amigos, formamos el colectivo PRYSA con Joaquín, y seguimos haciendo cosas juntos.
Y te digo: hacer una película independiente con amigos es fundamental. Si no la hacés con alguien con quien te llevás bien, es imposible. Igual, incluso con amigos, nos peleamos mucho durante el proceso. Pero eso también fortaleció la amistad. Hay que saber calmarse y entender al otro. Si no hay afecto, no se puede hacer.
¿Cómo fue la experiencia del rodaje?
Muy chica. Éramos apenas dos personas más de las que estamos acá. Filmamos con un celular, lo cual fue un plus: cuando filmás con un celular sos un youtuber, un cachero bárbaro, nadie te pide permisos. Podés grabar en cualquier lado.
Grabábamos en kioscos, en el barco… Nadie sospechaba que era una película. Si alguien preguntaba, decíamos: “Es un videíto para mi abuelo”. Con una cámara grande no podríamos haberlo hecho.
Ah, y algo fundamental: Eva Dans. Eva fue clave en el rodaje. Se puso la película en el hombro, fue el hilo conductor para que todo esto funcione. Si Eva no estaba presente en toda esta locura, la película no existiría.
Yendo a los festivales: ¿vos fuiste? ¿Cómo fue la recepción afuera, por ejemplo en Brasil?
Fui a todos. En Argentina sabía que iba a ir bien, porque la película es rioplatense. Tiene cosas de los dos lados del río, así que era obvio que iba a funcionar. Ganamos dos premios allá, uno de montaje y otro del público.
En Brasil tenía miedo. Esto es como el maracanazo. Pensaba: “No van a entender nada, esto es muy uruguayo”. Una cosa es un chiste entre uruguayos y argentinos, y otra cosa es irse a Porto Alegre a proyectar a Martín Buscaglia y Dillom. Pero funcionó bárbaro.
Se rieron en los momentos justos, entendían los chistes. Tuvimos muy buenas reseñas en Letterboxd, salvo una que decía: “Hablan muy rápido, no entendí nada”. Le respondí: “Bueno, escuchá más rápido la próxima”.
Hubo una persona que le puso 2 estrellas y media, y esa persona resultó ser alguien con quien hablé en la entrada del cine, porque llegué tarde y no estaba seguro de cuál era la sala. Puso en la reseña: “Era muito raro que el actor preguntara si esta era la fila para su propia película”. ¡Y bueno, flaco, estábamos en confianza! Disculpame. Lo odio.
Pero fue todo de diez. En Porto Alegre hubo una fiesta en barco, todos nos felicitaban. Es una comedia que simplemente funciona, sin importar la geografía.
Recién mencionabas los cameos de la película. ¿Cómo surgieron?
Los cameos de Dillom, El Bananero y Buscaglia fueron todos por afinidad.
Con Buscaglia, Manuel había dirigido un video suyo y pegaron buena onda.
A Dillom lo entrevisté una vez, terminamos en el Clash, y después se volvió amigo. Me daba miedo escribirle porque justo había dicho en una nota que no quería hacer nada de cine que no fuera suyo. Pero le mandé mensaje igual, desde el gimnasio, mientras hacía prensa con las piernas para arriba. Le escribí, tiré el celu y esperé la respuesta. Y me dijo: “De una, amigo”.
Filmamos su escena a las ocho de la mañana, en la esquina de su casa. Bajó, grabamos, le di una remera y se fue. Así de simple.
El Bananero banca a Manuel desde Relocos y repasados. Le escribió en su momento para felicitarlo, y después nos empezó a seguir a todos. Cuando compartió Achuras 2, pasó de tener dos mil reproducciones a veintiséis mil. Lo gracioso fue que la gente se enojó porque él no aparecía: “¡Bananero de mierda, me vi toda la peli y no estás!”. Pero ahora sí aparece, nos mandó sus tomas desde Miami. Grabó varias, tuvimos que elegir la mejor.
Volviendo al tema del coleccionismo: en la película aparece el Cobra Khan. ¿Cuál es la historia de ese muñeco?
El Cobra Khan de la película es real. Es el torso y las piernas originales del Cobra Khan camuflado, una figura argentina de los 80. Top Toys, la empresa que hacía los muñecos de He-Man acá, tenía excedentes del Cobra Khan original. Entonces, en una genialidad rioplatense, lo pintaron distinto, le cambiaron los brazos y le pegaron una cinta amarilla que decía “Cobra Khan camuflado” arriba del empaque original. Era una truchada, pero con los años se volvió una pieza “oficial” y muy buscada.
Hoy es el santo grial del coleccionismo de He-Man. Mattel incluso terminó sacando una edición “oficial” inspirada en esa versión trucha.
El de la peli tiene el torso y las piernas originales de los 80s, la cabeza y los brazos los pinté con mi tía para que se pareciera al original. Pero el torso y las piernas son auténticos. Se lo regalé a Manuel después del rodaje, como forma de soltar al personaje. Cuando actuás —y te lo dice alguien que no estudió actuación— tenés que matar al personaje en algún momento. Así que lo entregué y listo.
¿Cuáles son tus tres películas de horror favoritas y tus tres sabores de pizza?
Difícil elegir, pero hoy te digo Brain Damage, Basket Case y Evil Dead 2. Mañana capaz te digo otras, pero esas tres me encantan.
De pizzas, tengo más claro: fugazzeta, coração de frango y cuatro quesos. La fugazzeta para mí cuenta como pizza, aunque no tenga salsa. Tiene queso, así que está todo bien. Hasta la focaccia es una pizza. La pizza salió de la focaccia, al final: es una focaccia aplastada con salsa.
El coração de frango lo conocí en Brasil, cuando fuimos con Manuel a presentar Achuras 2. Allá probamos esa pizza y después él se inspiró en eso para Fiesta Nibiru. Suena raro, pero es riquísima. Te sentís como Jesús, sabiendo que murieron treinta pollos para que te comas una porción.
Después la de pera con roquefort también me gusta mucho. La probé en la pizzería de Lucía Soria. No la conozco ni me paga, pero estaba tremenda. Ah, y banco la de ananá también, siempre que no sea de lata. El ananá natural, con jamón cortado finito, queda buenísimo. Al final no es tan distinto a la de pera con roquefort.
¿Va a haber más películas “rápidas y sin amor”?
Sí, pero con tiempo. Hacer una peli así, con amigos y tan pocos recursos, es desgastante. Hay que respirar un poco. Ahora estamos disfrutando el estreno de Sánguche Caliente, que filmamos con un celular y se va a ver en salas. Eso ya es un logro enorme.
En lo personal, tengo un proyecto nuevo que, si sale, va a ser de PRISA también. Porque más que una productora, PRYSA es un concepto: hacer cine rápido y sin amor, pero con amor. Ese es el chiste.
No puedo contar mucho todavía porque me presenté a un fondo y está en evaluación, capaz hasta lo lee alguien del jurado. Pero ojalá salga. Si gano, sería diez veces el presupuesto de Sánguche Caliente, que se hizo con ocho mil dólares. Y sí, filmaría otra con celular, aunque no esta: quiero una estética más slasher, tipo Sé lo que hicieron el verano pasado o Scream. Por ahí va la cosa.
