HAZ QUE REGRESE (2025, Danny & Michael Philippou)

No hace falta decir que al ser uno de los géneros precursores de la historia del cine (ya apareciendo desde las obras de Georges Méliès a fines del siglo XIX), el género del terror es uno que se ha ido reinventando a medida que las épocas pasan y distintas preocupaciones de las mismas van apareciendo. Desde el expresionismo alemán de los 20s, la amenaza nuclear en los 50s, la autoconciencia declarada de los 90s, etc. No todas las películas que salieron en esas épocas son así arbitrariamente; sin embargo, solo es un recuento de algunos temas que aparecieron en esa época. Así como si hablamos del cine de terror de esta época reciente, si bien no todas son así, un tema que apareció en el terror moderno -y que ya hasta es tomado como burla- es el trauma, el duelo o los miedos internos. Y en esa ola de películas que exploran este tema se encuentra Haz Que Regrese.

Después de la muerte de su padre, los hermanastros Andy y Piper (Billy Barratt y Sora Wong) quedan huérfanos y por eso se van a vivir con su nueva tutora Laura (Sally Hawkins) y su extraño hijo Oliver (Jonah Wren Phillips), quienes viven en una casa alejada de la ciudad. La casa en que la hija ciega de Laura ha fallecido debido a ahogarse en la piscina, y al ver que Piper también tiene la misma condición de su hija, lo que inicia como una relación dulce de una tutora preocupada por dos niños desamparados, termina llevando a lugares turbios y oscuros.

Haz que regrese (2025)

Leyendo esa sinopsis uno puede notar como temas como el duelo o el trauma oculto ya aparecen de entrada, y en ese sentido la película es bastante directa, pero lo que podría parecer una clara falta de sutileza para presentar esas ideas, en realidad es solo la apertura a caminos mucho más intrigantes en cuanto a cómo la película ejecuta esas ideas. Volviendo sobre lo mencionado respecto al cine de terror de esta época, temas como el trauma o el duelo no son el descubrimiento del fuego porque ya vienen siendo tratados en el género desde sus mismos inicios (y todo esto sin mencionar la literatura), lo que ha caracterizado esta época es el cómo se los ha tratado.

En cuanto al tratamiento del trauma en el cine moderno se pueden detectar dos corrientes: la primera es el uso del terror psicológico para indagar en la idea de que el terror no viene de un mal externo sino de la mente perturbada de nuestro protagonista. La segunda es que si sí hay un mal externo, este sirve como metáfora/alegoría de ese trauma, a diferencia del monstruo clásico que simplemente representaba ese mal y lo que pasaba internamente el protagonista era sólo otra pieza del conflicto. Esto ha llevado a una tendencia actual de conducir al terror también al género “drama” para abarcar esa idea. Básicamente, lo que varios llaman “Terror elevado”.

Haz que regrese (2025)

Pero también, siempre en la historia de las “tendencias” hay artistas que las agarran y logran darle una vuelta para hacerla interesante, y es en este momento cinematográfico cuando aparecen los Hermanos Philippou con sus hasta ahora dos películas. Iniciando por Hablame, que si bien se notaba que era una ópera prima (con algunas cosas a pulir y/o que respondía de forma afirmativa a ciertas tendencias del momento), aun así no dejaba de ser algo interesante, ya sea por cosas como su forma de filmar el terror, su ojo para hacer escenas verdaderamente chocantes y, sobre todo, el cómo agarraban tanto un concepto clásico del terror dándole una vuelta que se sentía propia. Cosa que podía llegar a significar la aparición de dos cineastas que a medida que fueran avanzando, también harían una introspección más fuerte en esos elementos presentados.

A pesar de ser recién su segunda, uno nota en Haz Que Regrese esos elementos. Arrancando por algo dicho anteriormente, la película pone desde las bases el tema del duelo y los traumas no superados -la parte dramática- para ser llevados al terror más puro y absoluto. Terror que viene en la forma de una otredad clara que nunca llegamos a comprender del todo (pero que aun así como espectadores entendemos su funcionamiento de manera clara) porque los personajes tampoco lo hacen, ya sea por desconocimiento o por terquedad. Otredad la cual se nota claramente inspirada en la historia de Cementerio de Animales, tanto de la novela de Stephen King como de la película de Mary Lambert, pero con un pequeño giro.

En Cementerio de Animales, veíamos el descubrimiento de lo oculto desde la perspectiva de una persona que perdía todo lo que le importaba y que en la desesperación no le temblaba el pulso para hacer que por ejemplo un demonio invade el cuerpo de un fallecido, todo con tal de volverlo a ver. Todo esto de la mano con el no entendimiento de esa otredad que venía desde varios lados, desde el significado verdadero del lugar, la tribu a la que pertenecía o algo tan simple como la frase que marca la historia “A veces… es mejor muerto”. Ahí es cuando Haz Que Regrese marca su propio camino, sabiendo que parte de la inspiración de su idea tiene más de 40 años, los Philippou deciden cambiar el punto de vista.

A diferencia del relato de King donde se descubre todo mediante el personaje protagonista, en Haz Que Regrese lo que son los rituales y la idea del contacto con el más allá ya fue descubierta y utilizada por el personaje de Laura (y hasta se nos es mostrada en el inicio como funciona), por lo que los directores no sólo deciden hacer que la perspectiva esta vez sea la de los niños nuevos que ella va a cuidar, sino que también aprovechan este marco para profundizar en su personaje y en cómo la relación que tiene con sus protegidos sirve como reflejo de su mayor dolor: el no haber superado la muerte de su hija. Un dolor que no sólo desemboca en mostrar una profunda tristeza o el cómo no quiere comprender la idea de lo que puede haber al otro lado, sino que también en cómo busca armar una copia -utilizando rituales de carácter maligno, el mal sólo puede copiar al bien- de su vida.

Lo cual se ve tanto en descubrimientos como lo es el secreto detrás del personaje de Oliver, como también en la relación que mantiene durante toda la película con Piper, relación que tiene una clara inspiración en Vértigo de Alfred Hitchcock (una persona que reencarna en otra y la obsesión del protagonista con copiar esa anterior vida, incluso hasta el momento de la muerte). Pero con esto también los Philippou no juegan la carta fácil, a pesar de que podamos como espectadores llegar a sentir empatía con lo que pasa Laura, aun así no deja de ser un personaje tremendamente oscuro capaz de llegar a hacer las cosas más horrendas con tal de mantener su copia de lo que era una vida feliz. Creando así un personaje de trasfondo y acciones complejo.

Es ahí cuando la película también toma de otro lado: si la base de la historia es Cementerio de Animales y la del personaje de Laura es Vértigo, la de los personajes de Andy y Piper -pero más que nada Andy– es Hansel y Gretel. Los hermanos que por sufrir el abandono de sus padres deciden no separarse y terminan en la casa de una bruja que intenta comerse (consumir) a uno de ellos. Esta base sirve para marcar la diferencia entre algunos personajes mencionados, mientras que Andy carga con un pasado oscuro, pero aun así busca darle un sentido a la idea del más allá y aprende a llevar su duelo, Laura no puede superar eso y busca irrumpir lo que es el ciclo natural de la vida.

Haz que regrese (2025)

Un ciclo redondo que constantemente se ve pervertido por ese mal inenarrable que acecha en la película. El círculo no representa la vida, sino que permite al mal actuar libremente dentro de él, llegando hasta una escena culmen donde, para contener a un demonio, Laura forma un círculo a base de su propia sangre. Una idea que se ve acompañada visualmente varias veces, los Philippou logran sacarle jugo a esa forma de filmar “movida” que mostraron en Háblame y con ella buscan constantemente retratar esa circularidad pervertida, ya sea en ese momento mencionado (plano holandés con la cámara moviéndose como un círculo) o haciendo que el plano inicial y final sean además de simétricos, circulares -en cuanto a que la idea que se abre al inicio, de su recorrido y encuentre al final su respuesta volviendo al mismo punto de partida-.

Para los Philippou, el duelo mal llevado y los traumas ocultos no es un tópico de moda para tratar de pretender ser cineastas “serios”, sino que es la base sobre la que se construye una narración que no presenta salidas fáciles, como lo pueden ser crear personajes victimizantes o no ir a fondo con el terror absoluto. Todo en Haz Que Regrese está atado con el terror más absoluto posible para así no solo demostrar un claro entendimiento de la historia del género (recordar lo que mencionamos al inicio), sino que también para darle una nueva dimensión a temas de los cuales ya hasta parecen “clichés” del cine de terror de la década de los 2020s. Creando así una simbiosis -casi- perfecta entre los miedos del pasado y del presente, todo esto a través de un toque especial de dos directores que van puliendo su forma.

Aún queda por ver hacia qué caminos se va a dirigir la carrera de los realizadores, pero es imposible no sacar casi las mismas conclusiones que con la película del 2023: directores que filman y narran muy bien, que saben cómo y cuándo perturbar al espectador y que tienen como búsqueda (además de abordar temas como el duelo), el construir un fantástico propio y característico. La diferencia está en que el salto de calidad en esas ejecuciones desemboca no en una destacada ópera prima, sino en la que considero, hasta el momento, la mejor película de terror del 2025 -en un año que viene bastante bien para el género-.

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