La decimotercer edición del Festival de Cine Nuevo comenzó su diversa programación el viernes 10 de octubre en las salas de Cinemateca Uruguaya con la proyección del largometraje Agua Invadida, dirigido por Carolina Sosa. Tal como marca su filmografía documental activista previa, Sosa pone en panorama una problemática dejada de lado en Uruguay, el cuidado y preservación de nuestro territorio marítimo. Somos un país tradicionalmente ganadero que, junto al avance tecnológico digital que llega y surge en las ciudades, dejamos olvidado en múltiples sentidos nuestra pradera marina.

Agua invadida es el crisol fílmico del movimiento activista homónimo, que, junto a la ONG Mar Azul Uruguayo, trabajan contra la pesca ilegal, la pesca no declarada y la pesca no reglamentada en Uruguay. La película presenta un panorama integral de la pesca oceánica en el país, que se extiende desde el desamparo legal actual respecto a rigurosidad de control y sanciones, el trabajo de las Fuerzas Armadas Marinas en el relevamiento territorial contra la pesca extranjera y la actualidad de la pesca uruguaya.
Una de las virtudes del documental es simplemente ser, existir como objeto social, en su forma y sobre todo en su contenido. Aunque por momentos hay puntualidades que se sobreexplican, se nutre del desconocimiento social general, tanto de la problemática como de la multisectorialidad que la orbita. A través del montaje paralelo, las subtramas avanzan y la información se presenta con dinamismo.
La invasión extranjera en aguas de jurisdicción nacional es uno de los principales ejes temáticos. Centra su atención en la relación Uruguay-Brasil, país vecino que practica métodos y volúmenes de pesca que perjudican en múltiples escalas y sectores a nuestro país.
También se explica y denuncia la pasividad del Estado en la reglamentación, sanciones, regularización y control del uso de nuestras aguas oceánicas. “Haciendo un mea culpa, este es un asunto que, si bien integra el objeto de la Comisión de la Ganadería y la Pesca, no es algo que normalmente le demos un papel relevante en el tratamiento de la Comisión, sinceramente”. Esta cita, enunciada por un representante del Gobierno, condensa la pasividad estatal frente a la temática, otra de las subtramas del documental. Asimismo, los uruguayos también tenemos la etiqueta de victimarios. La pesca artesanal y semiindustrial practicada acá, muy distinta en escala a la extranjera, también atenta contra la conservación del ecosistema marino. “Yo he hecho pesca ilegal, y la sigo haciendo. Lo hago para poder hacer el jornal”, declaración de Pablo Acosta, pescador artesanal uruguayo.
En el Q&A al terminar la proyección, una de las preguntas surgidas fue acerca de los procesos de filmación y postproducción. Sosa comentó que había conformado dos versiones en montaje, uno con ella como personaje y otro sin. La decisión final fue presentar la película con la directora también como personaje, posicionamiento tal vez contraproducente dentro de la narrativa. Desde el principio se establece una clara motivación personal para el personaje, que se extiende a su rol como directora, que funciona correctamente como vehículo e hilo conector entre las distintas subtramas, pero atienta contra la esencia activista y convocadora de la obra. El enfoque del voice over final es el elemento disruptor en la síntesis de la película. La convivencia paralela de un relato motivado por intereses personales y la convocatoria social para modificar el estado actual de la pesca en Uruguay, termina sintiéndose como una batería de conflictos que no se profundizan. El gran valor de Agua invadida es extrafílmico. Reside en su naturaleza como objeto social que, desde un activismo de pura cepa, presenta una deuda social que es traslúcida en la agenda mediática y gubernamental.
Agua invadida fue ganadora del Premio Ronald Mezler Ex-Aequo en la categoría Medios y Largos Oficiales, junto al documental Montevideo Inolvidable, dirigido por Alfredo Ghierra, premios anunciados en la ceremonia de clausura el sábado 18 de octubre en Sala Camacuá. Ambas películas celebran y exigen el cuidado y preservación de nuestros patrimonios, el ecosistema marino y la arquitectura tradicional montevideana respectivamente. Los llamados a preservar lo nuestro, los espacios sociales y turísticos, nuestra pradera marina y nuestro Montevideo, también son llamados a analizar y no olvidar el pasado, actuar y defender en el presente, y avanzar hacia un futuro en el que no perdamos lo que nos hace a nosotros.

