Vienen llegando (III): El corto que se puede tocar, del chileno Rodrigo Baeza

Hoy a las 19 h se estrena en la Sala B Mi casa se quemó, un corto chileno que utiliza la multiplicidad de técnicas y recursos a favor de una narrativa que se abre a lo íntimo y a lo surreal. 

Cuando comienza, parece que estamos frente a una producción independiente de la primera década de este siglo: formato cuatro tercios, grabación en cinta magnética, colores desaturados, dos jóvenes que caminan subiendo un cerro…

En los 18 minutos que dura el corto veremos, además, una habitación en tamaño real cobrar vida mediante técnicas de stop motion y el uso de maquetas para mostrar una casa ardiendo. Todo el cortometraje emana un espíritu artesanal.

Su director, Rodrigo Baeza, llegó a Montevideo en la madrugada del sábado 11 y presentará su obra el martes 14 en la Sala B del Auditorio Nelly Goitiño. Cuando lo contacté por primera vez, estaba apurado. Me dijo que estaba armando la maleta —todavía en Santiago— y que, para ir poniéndonos en tono, me podía mandar el dossier de prensa.

En ese PDF tuve el primer acercamiento a sus pensamientos sobre el cine:

“Soy un apasionado por las contradicciones del cine, en la búsqueda de la verdad, a pesar de que el cine es siempre una versión reducida y distorsionada de la realidad. Para mí, lo más interesante está en lo que no se muestra directamente: sombras, reflejos y oscuridad, esos espacios invisibles donde se esconden las verdades que busco explorar. El proceso creativo es una forma de confrontar lo personal, de poner al descubierto mis propias incertidumbres, siempre con la intención de crear algo honesto”.

Mi casa se quemó está alineado con esas ideas. El trabajo de los actores, de una naturalidad difícil de conseguir, logra esbozar su vínculo y el vínculo que ellos tienen con un tercer personaje, ausente en el presente de la historia.

La atmósfera enrarecida, creada por la conjunción entre un montaje de ritmo pausado —que varía entre saltos y fundidos lentos—, la inmensidad de ciertos paisajes y lo visceral de la parte animada en stop motion, genera un ambiente que posibilita la incursión en el desvariado mundo interno de los personajes y, podría decirse, en lo surreal.

Una vez en Montevideo, Rodrigo Baeza nos concedió la entrevista.

Mi casa se quemó (estreno, Chile)

Nacho Bide: ¿Cómo fue el proceso creativo de este proyecto?
Rodrigo Baeza: Bueno, la película tomó un tiempo en hacerse desde que escribí el guion hasta que estuvo terminada. En un inicio, escribí el guion sin pensar que iba a dirigir esta película, y hubo muchos momentos de pausa, de búsqueda de financiamiento, etc. Pero entre la escritura y tenerla lista pasaron alrededor de cuatro años, así que le dimos harto tiempo y dedicación.

N.B.: Me llama mucho la atención la estética del corto: esa textura plana del magnético, los colores desaturados, la arremetida repentina del stop motion. ¿Coincidís conmigo si defino tu película como un cortometraje artesanal?
R.B.: Sí, claro. Es una estética que nosotros buscamos. Para mí siempre fue importante que la película se pudiera tocar, se pudiera sentir, y buscar algunos elementos incontrolables que me entregaran errores que pudiera volcar o redirigir. De allí tomo las cosas que me gustan de esos errores y las redirijo. Por eso creo que me gusta este cine artesanal, esta cosa un poco “mal hecha”. Muchas veces digo que hago cine “mal hecho”. Entonces sí, el stop motion iba un poco por ahí. Solo el stop motion nos tomó como dos semanas y media. El rodaje normal, por así decirlo, con personas y un equipo tradicional, nos llevó tres días, más tres ensayos muy cortos.

N.B.: Entiendo. El registro en video magnético me gustó mucho y juega en esa línea de lo artesanal.
R.B.: Sí, lo grabamos en mini DV, en cinta magnética, en cuatro tercios, y tratamos de que tuviera ese grano, esa textura. Algunas cosas quedan un poco oscurecidas, otras un poco brillantes, pero justamente esa era la búsqueda.

N.B.: Mencionaste los ensayos. Quería preguntarte sobre el trabajo con los actores. Se da una química muy natural entre ellos; el resultado es de un realismo muy interesante. ¿Cómo llegaron a ese punto?
R.B.: Te cuento: Mi casa se quemó surgió como parte de nuestro proyecto de título universitario, y desde un inicio tuvimos la intención de construir una película desde la experiencia emocional. Por eso decidimos ejecutar un método sin entregar el guion a los actores, sino trabajando desde un profundo estudio de los personajes, invitándolos a vivir y reaccionar en tiempo real ante cada situación. Fue un proceso de confianza mutua, donde los intérpretes —Aron Hernández y Tomás Ábalos, ambos parte del elenco de Vencer o morir, serie actualmente nominada a los Premios Emmy— se convirtieron en co-creadores del relato. A través de su intuición y vulnerabilidad, la película fue tomando forma, encontrando una verdad que no podría haberse escrito de antemano. Creo que allí, en el cruce entre la espontaneidad actoral y la animación artesanal, la película encontró su lenguaje.

N.B.: Entonces, ¿no hubo guion para la parte del cerro?
R.B.: Bueno, sí escribí un guion. Ese guion tenía escenas y diálogos, y yo dirigí las escenas que escribí. Solo tomé la decisión de nunca entregar ese guion a los actores, salvo después, como un acto macabro de mi parte (se ríe). Pero ellos lo disfrutaron mucho, fue un gran desafío para ellos y lo tomaron con entusiasmo. Una vez que tomé esa decisión de no entregarles el guion, decidimos hacer ensayos grabados. Yo les pasé libros, les decía: “Este es el libro favorito de tu personaje”. Y después de leerlos, hablábamos en profundidad sobre ellos y sus personajes.

N.B.: ¿Quedó en el corte final material de esos ensayos grabados?
R.B.: De hecho, sí: uno de esos ensayos quedó en el corte final, que era la intención si algún ensayo salía bien. De esa manera nos ahorramos el rodaje oficial, que fueron tres jornadas. Yo sabía muy bien qué escena iba a dirigir, en qué momento y todo; ellos no. Los dirigía por separado, no sabían lo que iba a hacer el otro, y ahí íbamos ajustando: hacíamos unas cuantas tomas y salía. Me gustaba mucho que tuvieran su propia forma de hablar, su propio ritmo. Claro, le pusieron mucho de ellos mismos.

Mi casa se quemó (estreno, Chile).

N.B.: Todavía no hablamos del stop motion, que ilustra un poco la psiquis de los personajes. ¿Cuál fue la búsqueda concretamente?
R.B.: Todo el corto fue una búsqueda por lo vivo, por lo que se revela solo en el momento. La incorporación de stop motion fue una forma de dialogar con la materia misma del recuerdo y la pérdida, temas centrales en la película. Animar una habitación a tamaño real fue muy catártico. Si bien tenía definido qué quería que pasara en esa habitación —que nosotros construimos y ambientamos en un set—, iban ocurriendo cosas, íbamos ajustando. El proceso te entrega cosas; se va dando, y lo fuimos descubriendo en todas las jornadas. Y, como el stop motion tiene otro tiempo, los pequeños descubrimientos se suman a una parte del todo. Ese pequeño detalle en el que te demorás dos horas en resolver apenas se ve, pero forma parte de una gran orquesta. Y claro, en esa búsqueda, todo iba encajando de alguna forma.

N.B.: Creo que encontraste una forma muy interesante y un estilo muy particular. Ahora se viene el estreno. ¿Cómo estás viviendo la experiencia?
R.B.: Se siente muy especial poder estrenar nuestra película en Uruguay. Es la segunda vez que tengo la oportunidad de venir, ya que el año pasado participé en la residencia internacional Cine Marea, donde pude conocer el interior del país y también un poco de la capital. Volver ahora, en otras circunstancias, con Mi casa se quemó, un trabajo que nació desde las entrañas y creció con los años, es profundamente significativo. Presentarla en el Festival de Cine Nuevo, rodeado de amigos de la residencia, como primer paso de un recorrido internacional que ya tiene siguientes paradas confirmadas, me llena de alegría y gratitud.

Mi casa se quemó se exhibe hoy a las 19:00 h en la Sala B (Auditorio Nelly Goitiño).

Afiche de Mi casa se quemó (estreno, Chile).

14 de octubre (19:00, Sala B – Auditorio Nelly Goitiño)

Mi casa se quemó (estreno, Chile)

Conversatorio con el director una vez finalizada la función.

Dos amigos universitarios caminan por un inhóspito cerro en medio de la ciudad mientras confrontan la idea de la mortalidad tras la repentina muerte de un compañero universitario. Entre el anochecer y el amanecer, los silencios resultan cada vez más ensordecedores y la soledad en compañía poco a poco los consume.

Guion y dirección: Rodrigo Baeza

Rodrigo Baeza (Chile, 1999) es director, guionista y diseñador sonoro. Se tituló en Cine en la Universidad Mayor con Mi casa se quemó (2025), proyecto desarrollado bajo la mentoría de Niles Atallah y actualmente en distribución. Esta obra dio origen a La Bartola Producciones, en colaboración con Amanda Fiebelkorn.

Para hacer posible más artículos como este, apoyá nuestro proyecto. ¡SUSCRIBITE!