La vez que Uruguay fue nominado a un Oscar y lo descalificaron

Estamos metidos en la temporada de Premios. Una vez al año, justo en su amanecer, se mezcla glamour, drama, farándula y prestigio con una retrospectiva (más o menos) fiel del cine del año anterior. Es ahora, cuando, aturdidos por eufóricos aplausos, las figuras más famosas del cine mundial se suben a los escenarios a recibir las condecoraciones más reconocidas a su trabajo. Entre la prensa y fanáticos que siguen anualmente estos eventos, se entiende que funcionan de una manera curiosa, como si fueran un torneo deportivo donde cada premio te lleva más cerca de emerger campeón de la final definitiva: los Premios de la Academia de Artes  y Ciencias Cinematográficas, los Oscar. Estos premios son tan famosos como el cine en sí, su prestigio tiene un recorrido que data de hace casi 100 años y pese a ser polémicos, políticos, usualmente criticados como poco representativos o simplemente arbitrarios, suelen estar siempre en la boca de toda comunidad cinéfila. Por eso es interesante recordar, antes de la gala número noventa y ocho, una anécdota histórica relacionada con el cine nacional: la vez que Uruguay recibió su primera y única nominación a la sola categoría cuyo recipiente hubiera sido el país, es decir, Mejor Película de Lenguaje Extranjero.

Desde el 2020, esta categoría se llama Mejor Película Internacional. El nombre ahora es bastante más descriptivo de las intenciones del premio: celebrar desde yanquilandia a la mejor película que provenga desde fuera de sus fronteras. Cada año se acepta una película por país y así se refleja en la tarjetita de nominaciones. Por ejemplo, el 22 de enero de este mismo año Lewis Pullman leyó “The Secret Agent – Brazil” demostrando que para la AMPAS (Siglas en inglés para la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas) O Agente Secreto no celebra únicamente a los productores detrás de su realización (como sí sucede en la categoría Mejor Película), sino que lo hace al país entero. Por eso cientos de nuestros vecinos brasileños festejaron locamente en las calles el año pasado la victoria de Ainda estou aqui, como si fuera un mundial: simplemente estar nominado a este premio es un prestigio para el cine de toda la nación, ganarlo es pasar a la historia. 

Entonces, pueden imaginarse cómo el orgullo charrúa se hizo presente el 17 de Febrero de 1993, cuando el por entonces presidente de la academia Robert Rehme leyó para las transmisiones televisivas de todo el mundo: “A place in the world – Uruguay”. Hay que dimensionar este momento. Se ha cambiado de calendario treinta y tres veces desde entonces y este evento no ha vuelto a suceder. Uruguay ha cosechado reconocimientos en premios internacionales, como la victoria de Whisky como mejor película extranjera en el Goya del 2005, pero incluso esa instancia no fue suficiente como para recibir una nominación de parte de la Academia. Otros países de la región han vivido otra historia: México y Argentina han logrado 9 nominaciones en su historia, Brasil 6 e incluso Chile ha logrado 2. ¿Por qué Uruguay no ha podido conseguir otra nominación? Es muy simple, en un mundo movido por lobbys y campañas millonarias, no hay lugar para que un país humilde y pequeño como el nuestro pueda posicionar una producción nacional dentro de ese gran estanque competitivo que son los Oscars. Considerando esto, como casi todo en la historia de este país, la falta de reconocimiento no es una cuestión de calidad, sino de hinchada. Que Un lugar en el mundo lo haya logrado es sin lugar a dudas, un hecho insóltio. Pero se está por poner aún más insólito. 

En el 93, por primera vez en la historia de los Premios de la Academia, se dió de baja una película de la categoría de película de habla no inglesa: la única nominación que recibió Uruguay en la historia de los Oscars fue revocada. Antes de que surja la misma duda de siempre, la Academia no nos robó, como siempre nos roba la FIFA. Esta vez, fuimos nosotros quienes hicimos trampa.

Adolfo Aristarain es el director de Un lugar en el mundo. Es argentino. Así como todas sus películas, muy conocidas, de hecho: Martin (Hache), Tiempo de revancha y claro, Un lugar en el mundo. Y es que sí, Un lugar en el mundo nunca fue una película uruguaya. Ni siquiera una coproducción. Fue filmada en Argentina, con un elenco (mayoritariamente) argentino, con un director argentino que también fue guionista y productor.  Entonces, ¿Cómo una película argentina terminó siendo la única nominación de Uruguay en los Oscar?

Resulta que en 1992 Aristarain estaba teniendo un éxito sin precedentes en su carrera. En el Festival de San Sebastián su película se coronó con la Concha de Oro, el máximo reconocimiento de este prestigioso festival internacional. Además, su película ganó el Goya a la Mejor Película Internacional. La suma de estos dos premios equivalía a estar posicionado como un candidato real a ser el primer argentino en levantar una estatuilla en el nombre de su país. Pero este sueño se esfumó en el momento que el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) eligió a su caballito de guerra para la temporada de premios: la película de Eliseo Subiela El lado oscuro del corazón, dejándolo fuera de la posibilidad de una nominación a los Oscars. Pero Aristarain no se iba a rendir tan fácil, así que planeó un movimiento ofensivo que, no sólo lo posicionaría en la carrera de premios, sino que también lo vengaría de la indiferencia del INCAA.

La esposa de Aristarain, Kathy Saavedra, es uruguaya. Ella fue coautora del guión, así como la diseñadora del vestuario. Con eso en mente, Aristarain tomó un buquebus y tocó la puerta del comité fílmico uruguayo. Les ofreció su película y les explicó que, a su entender, gracias al trabajo de Saavedra en la película, esta podía ser considerada tan uruguaya como el mate y la vuelta olímpica. Y le hicieron caso. Por un tiempo, todo pareció salir bien: la película fue nominada y en los screenings para los miembros se la comparaba con la obra de John Ford, gustaba tanto que incluso Rehme llegó a decir que la película era “de alta calidad, el tipo de película que [a la Academia] le gusta dar a conocer al mundo”. La posibilidad de que el 29 de Marzo Aristarain recibiera la estatuilla en la misma noche que Eastwood y Al Pacino también la recibieron era tangible. Hasta que se pinchó el globo: desde Los Ángeles un grupo de periodistas alertó a la Academia del chanchullo y decidieron dar de baja la nominación.

Bajo presión, el distribuidor de la película en Estados Unidos, Peter Marai admitió: “El director de la película es Argentino y la película fue filmada en Argentina”. Aristarain trató de apelar la decisión de la Academia mediante documentos y declaraciones en los medios de prensa, pero fueron todos desestimados. La explicación oficial que AMPAS dió del fallo fue que el comité fílmico uruguayo había malinterpretado las reglas, al ser la primera vez que enviaban un largometraje para la competencia. Después de esto, cambiaron los reglamentos para evitar sucesos por el estilo, en los que una película cambie de nacionalidad por conveniencia. Lo irónico de la historia es que El lado oscuro del corazón tenía más fichas para ser nominada como uruguaya que la película de Aristarain, al estar parcialmente basada en textos de Mario Benedetti y suceder, en su mayoría, en Montevideo. 

Tantos años después, a nivel nacional todavía se espera una nominación. Pero a nivel individual, en el año 2004 César Charlone fue nominado a Mejor Dirección de Fotografía por la película Cidade de Deus y en el año 2005, tras una polémica que es historia para otro día, Jorge Drexler se transformó en el primer uruguayo en ganar un Oscar, en la categoría de Mejor Canción Original. Cinco años después, Mariela Besuievsky se convertiría en la segunda uruguaya en levantar una estatuilla cuando subió al escenario para celebrar un Oscar de una película que produjo. ¿La categoría? Mejor Película de Habla no Inglesa.

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