Los muchos David (o el hombre que cayó al celuloide)

Esto no pretende ser, ni por asomo, un análisis completo de la trayectoria cinematográfica de David Bowie. De hecho, hemos dejado buena parte de su filmografía por fuera. Lo que intentamos hacer, en todo caso, es revisar algunas películas donde participó, tanto como actor como a través de la banda sonora. Por eso no empiecen a las patadas porque no está el documental de Pennebaker sobre Ziggy Stardus y las Arañas de Marte. De ello nos ocuparemos más adelante. Por ahora, un recuerdo y una revisión de algunos momentos interesantes de la relación de Bowie con el cine.

 

Si una de las características de Bowie era la de camuflarse, de cambiar constantemente, de ser otros, el cine le dio más posibilidades de ponerse en lugares ajenos. La relación de Bowie con este medio es estrecha y constante. Muchos se acuerdan, y con motivo de su reciente fallecimiento muchas notas probablemente hablen, de su rey gnomo en Laberinto (Labyrinth, Jim Henson, 1986), del vampiro moribundo en El Ansia (The Hunger, Tony Scott, 1983), y del extraterrestre en El Hombre que cayó a la tierra (The Man who fell to earth, Nicolas Roeg, 1976). Todas películas que toman ventaja del aspecto, digámoslo por la milésima vez, alienígena de Bowie. Sin embargo, quién mejor lo aprovechó fue Nagisa Oshima con Furyo o Merry Christmas Mr.Lawrence (1983). Allí era un sargento neozelandés  que terminaba como prisionero de guerra por los japoneses, despertando y poniendo en evidencia la homosexualidad latente del capitán que lo tiene encarcelado. Bowie basó buena parte de su persona en ser un objeto de deseo distante y andrógino, y Oshima explotó ese potencial en una de sus mejores películas. Curiosamente, la canción de la película no le correspondía a DB, sino al dúo fantástico de Ryuichi Sakamoto (quién interpreta al comandante enamorado) y a uno de sus émulos, también llamado David, pero con apellido Sylvian.

[embedyt] http://www.youtube.com/watch?v=jsG2M66-_xc[/embedyt]

 

Además de hacer de Tesla, Warhol y Poncio Pilato, Bowie hizo de Bowie con bastante éxito en dos ocasiones. La primera es en Christiane F.-Wir Kinder vom Banhof Zoo (Uli Edel, 1981), extraña cruza entre cine testimonial altamente estilizado y explotation pura y dura. La heroína (je…je…je) finge ser mayor de edad, entra a una discoteca gigante, la mejor de Europa, y suena Look Back In Anger, en una banda sonora que básicamente lo tiene a DB como única figura, chupando tanto de la trilogía berlinesa Bowie-Eno como del Station to Station, un disco drogón y de transición que a posteriori terminó siendo mucho más importante de lo que se pensó en su momento. Poco después, los chicos perdidos del Banhoof Zoo corren, saltan, vuelan con Heroes de fondo. Bowie está presente en los pocos momentos de felicidad en la vida de Christiane, llegando a un punto culminante cuando él mismo aparece cantando, justamente, Station to Station, en vivo, casi mirando a los ojos a la chica.

[embedyt] http://www.youtube.com/watch?v=KxtqJxq2yck[/embedyt]

 

Su segunda aparición notoria de forma homónima en Zoolander (Ben Stiller, 2001), donde además pudo tomarse en chiste a sí mismo. En esa parodia Bowie nuevamente hacía de Bowie, o de uno de sus costados, el de ícono de moda. Allí era el jurado exclusivo de pasarela para los rivales Zoolander y Hansen, en un duelo extremo de modelaje. Stiller bien lo sabía: nadie mejor que DB para juzgar quién tiene estilo y quién no.  Con cara de piedra va anotando en un bloc de notas los puntajes necesarios para determinar el ganador. Y también era el remate a un chiste hermoso, con él gritando: “Disqualifed!”

[embedyt] http://www.youtube.com/watch?v=InIxKCa3H9g[/embedyt]

 

Su papel más extraño es, sin dudas, el que interpreta en Twin Peaks: El fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire walk with me, David Lynch, 1992). Si bien las mentes perturbadas de los dos David parecían tener mucho en común, lo cierto es que la presencia de  B en la película de L es un tanto desconcertante. Forma parte de toda la introducción al verdadero centro del film, que son los últimos siete días de Laura Palmer. Allí es un agente fantasmal, con acento sureño, en una aparición cortada y abrupta, qué, en el clásico esquema Lyncheano, da una pista para solucionar el misterio principal y al mismo tiempo plantea otros nuevos enigma, antes de desaparecer en un estallido de estática y ruido blanco. En la versión original, que dura cerca de cuatro horas, su aparición es mayor, pero no más clara. Esta colaboración forma parte de un período, los primeros 90s, en que ambos artistas estaban de alguna forma considerados como unos viejos irrelevantes que se repetían y hacían el ridículo, cuyos logros habían pasado muchos años atrás. Sin embargo, tanto la película de Twin Peaks como los discos que editó Bowie en esos años  (The Buddha of Suburbia y Black Tie, White Noise, ambos de 1993), están llenos de ideas interesantes y dan una idea clara hacía donde los dos evolucionaran.

[embedyt] http://www.youtube.com/watch?v=3nSqDMqCJQw[/embedyt]

 

Durante los últimos diez años hubo dos reactualizaciones de canciones del duque blanco que ya habían aparecido en películas anteriores, dialogando con ellas. En Bastardos sin Gloria (Inglorious Basterds, 2009) Tarantino usa la canción original que hizo junto a Giorgio Moroder para la banda sonora de Cat People (1982), la revisión interesante pero un tanto fallida de Paul Schrader sobre el clásico de Jacques Tourneur. Allí sonaba previo al final, sobre el primer plano de una pantera a punto de rugir, poco antes que empezaran los créditos. QT de seguro tuvo muy en cuenta ese detalle visceral para desempolvarla justo antes que Shoshana ponga en práctica su plan de venganza judía en base a nitrato altamente inflamable. Shoshana, como QT, se re apropia de una película ajena insertando su rostro, que, como el de la pantera, vemos en un primer plano que ocupa toda la pantalla. Pero antes, vestida de rojo furioso, se maquilla a la manera de una india guerrera antes de la batalla, y el rojo de la base que estalla en su cara coincide con Bowie cantando “See these eyes of red”. La canción, que avanza de la calma a una explosión, coincide con este momento, liberando al espectador tanto a través de la risa generada por lo anacrónico de la elección musical, como del vitoreo, la catarsis absoluta.

[embedyt] http://www.youtube.com/watch?v=CdItU5jCCM0[/embedyt]

 

Frances Ha (2012) corre y baila por las calles de Nueva York, filmada en el blanco y negro de la nouvelle vague, mientras suena Modern Love. Los cinéfilos informados saben del guiño a Mala Sangre (Mauvais Sang, Leos Carax, 1986). La mayoría lo calificó de gesto vacío, de palmadita en el hombro a la intelligentsia. Eso de alguna forma es perder el significado de la referencia en la película  y como Noah Baumbach pone a la escena original en un nuevo contexto. La protagonista acaba de mudarse a un departamento el cual no puede pagar, donde convive con dos hipsters mantenidos. Está viviendo en una película, en una burbuja que pronto va a explotar y la va a dejar de nuevo a la deriva. Que ella misma, una bailarina, cite en su vida a otro bailarín, que lo saque de la visión original de Carax de romanticismo turbulento, es consecuente con el personaje. Pero también es un momento de felicidad para los que la estamos viendo. No se supone que estamos en contra de Frances, sino con ella. Entender la referencia es también entender el personaje y participar de su alegría. La canción, por supuesto, ayuda mucho.

[embedyt] http://www.youtube.com/watch?v=gt2KlkBUgXA[/embedyt]

 

[embedyt] http://www.youtube.com/watch?v=73z_w-wbz_Q[/embedyt]

 

Lo más curioso es que la mejor película de Bowie es aquella donde se negó a participar y a darle sus canciones. En Velvet Goldmine (1998), Todd Haynes crea una especie de fan fiction, de creación basada en el deseo. Brian Slade es una visión tanto crítica como fascinada de Bowie, así como de la figura del dandy, condenada a su propia destrucción, o a su adaptación a normas convencionales. Toma elementos de su vida para realizar una biografía apócrifa, donde se cruza con figuras que son y no son Iggy Pop, Lou Reed, Brian Eno, Marianne Faithfull, Angela Bowie, etc. Es también la película que mejor traduce la figura de Bowie al cine. Slade-Bowie tiene varias capas, es de forma simultánea un objeto de pasiones andróginas, un fantasma, un ícono de moda, un modelo a imitar, un espejo, un extraterrestre. Velvet Goldmine es Bowie, aunque él mismo no lo haya querido ver. Algo donde proyectar múltiples lecturas y referencias. O sea, el cine mismo.

velvetgoldmine-1600x900-c-default1

Para hacer posible más artículos como este, apoyá nuestro proyecto. ¡SUSCRIBITE!