La Llegada (2016)

Rompiendo el Cascarón

La gente me pide que prediga el futuro, cuando yo lo que quiero hacer es prevenirlo. Mejor aún, construirlo. Predecir el futuro es muy fácil, de todas maneras. Miras a la gente que te rodea, la calle donde estás parado, el aire que respiras, y predices más de lo mismo. Al diablo con lo mismo. Yo quiero mejor. (Ray Bradbury)

Amy Adams interpreta a una traductora y lingüista contratada por el gobierno estadounidense para descifrar el lenguaje de los recién llegados. Cada 18 horas, los alienígenas abren la parte inferior de sus “cascarones”, doce de los cuales levitan en diversos puntos del planeta, para que los humanos ingresen e interactúen con ellos. El mundo, naturalmente, se pone en alerta, propenso a detectar la más sutil amenaza. Junto a un científico (Jeremy Renner) y el ejército (encabezado por Forrest Whitaker), la Dra. Banks debe lograr preguntarles el propósito de su visita antes de que la humanidad asuma lo peor.

            La llegada está basada en el cuento de Ted Chiang llamado “La historia de tu vida” (1998), que le llevó al guionista Eric Heisserer más de cien borradores adaptar satisfactoriamente. El relato se acerca a la ciencia ficción de escritores como Arthur C. Clarke y Carl Sagan, que fueron científicos además de literatos (Carl Sagan escribió la novela “Contacto”, en la que se basó la película homónima de Robert Zemeckis, de 1996, que comparte algo del ADN temático de La llegada, aunque estilísticamente se distancia mucho de cualquier parentesco). En el cuento de Chiang, narrado en primera persona a través del personaje de la Dra. Banks, se tratan con cierta profundidad los punteos lingüísticos que la protagonista desarrolla a partir de su interacción con los extraterrestres, junto a algunos ejemplos de cuestiones científicas que su compañero Gary Donnelly (en la película Ian) elige compartir, como la refracción y la velocidad de la luz. El comportamiento y descripción física de los heptápodos (nombre dado a los aliens porque tienen siete miembros con los que se mueven) también son más extensos en el texto fuente.

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            Cualquier estudiante se beneficiaría mucho de estudiar este guión y ver qué quedó en la película. (spoiler) A la hora de leer el cuento, lo primero que llama la atención es que está divido en fragmentos que cuentan dos historias diferentes, una sobre la experiencia de la Dra. Banks con los alienígenas, otra sobre su hija, a quien le habla acerca del pasado en tiempo futuro: “Recuerdo una conversación que tendremos cuando estás en tu penúltimo año de secundaria. Será una mañana de domingo y yo estaré revolviendo unos huevos mientras tú pones la mesa para un desayuno-almuerzo. Te reirás mientras me cuentas sobre la fiesta a la que fuiste anoche.” El guionista y el director supieron trasponer a la pantalla estos dos hilos narrativos, concesión que en el medio audiovisual parecería ser difícil de lograr debido a los problemas que tienen las audiencias con la ambigüedad y la falta de foco. Sin embargo, la forma binaria de la hoja escrita encuentra una versión más orgánica en formato cine: una de las partes se establece como antecedente y luego se va filtrando en la trama principal a través de lo que al principio parecen ser flashbacks o sueños. Así, los espectadores concentran la atención en un hilo conductor mientras los dos relatos se asimilan paulatinamente con el desarrollo de la película, sin causar demasiado extrañamiento. (fin spoiler)

Sumando a un guión lleno de virtudes, está el preciso ojo del director oriundo de Québec, Denis Villenueve, uno de los más notables realizadores trabajando hoy en día, ya con una filmografía admirable (Polytechnique, Incendies, La sospecha, El hombre duplicado, entre otras). Si nos fijamos en el guión, podemos notar cómo Villeneuve prescinde de ciertos diálogos y reordena algunas escenas, sobre todo al principio y al final (lo mismo hizo en Sicario), inclinando la balanza hacia lo atmosférico y no verbal. Los atributos que hacen de Sicario (2015) un descenso inmersivo a una oscuridad donde no hay norte moral, en La llegada nos llevan al encuentro con aquello que asombra y desafía la consciencia. Asistido por Jóhann Jóhannsson, el mismo creador de la banda sonora de Sicario y la futura Blade Runner 2049, Villeneuve crea una experiencia que refleja la circularidad del lenguaje de los heptápodos (la secuencia final comienza de la misma manera que empieza la película), y llena cada cuadro con motivos relevantes para la trama y el tema de la película: ventanas (contacto, pantallas), humo o niebla (lo onírico, desconocido, etéreo, mutante), motivos circulares (totalidad, simultaneidad), entre otros.

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            El director dijo en varias entrevistas que el punto de partida tonal para La llegada es ese estado tal vez melancólico o meditativo que uno tiene cuando está viajando en ómnibus mientras llueve, mirando por la ventana. Ese observar sin apuro es fundamental a la hora de hacernos entrar en el modo de sentir propuesto por la película. Es lo que hace de Alien (1979) un imprescindible referente del género y que saboteó a su precuela Prometeo (2012). Villeneuve se toma el tiempo de dar una sensación de lugar y textura. De esta manera, escenas no esenciales como cuando la protagonista está en un helicóptero militar dirigiéndose hacia el campamento, sirven para transportar al espectador a un ambiente diferente, un poco alienante, que preludia la gravedad de lo venidero, prestando especial atención al paisaje sonoro y visual en tanto componentes atmosféricos que por otro lado sirven de comentario acerca de quienes operan ese ámbito.

La toma en que se ve el cascarón por primera vez, rodeado de una neblina (que es real, por cierto), dura 1 minuto y 5 segundos. Otros podrían haber cortado mucho antes. El ominoso plano secuencia, que recuerda sonora y en la composición a las presentaciones del monolito en 2001: Odisea del espacio (1968), transforma el tiempo transcurrido en expectativa y vértigo: la neblina desciende sobre el valle, un par de aviones atraviesan el cielo, helicópteros despegan y aterrizan en el campamento, mientras la cámara gira en el aire; mecanismos eficaces e intimidantes, tanto militares como de origen desconocido, y la protagonista en el medio. El trabajo del director de fotografía (cinematographer) Bradford Young sostiene el tono de día gris y se la juega por la penumbra, los colores con poco contraste y, a diferencia de Roger Deakins, el gran director de fotografía que ha acompañado a Villeneuve en la última parte de su carrera, preferencia lo esfumado por sobre lo nítido. Esta decisión corresponde con una protagonista que al principio vive la noticia de importancia global con cierta indiferencia, que duerme tranquila mientras el mundo se arma para defenderse, que parece ser llevada de la mano por la circunstancia hacia un despertar.

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            En La llegada los alienígenas son pacíficos, no hay un gran villano (excepto tal vez el fundamentalismo o todo sistema cerrado) y el “arma” que cae del cielo es una forma diferente de experimentar la realidad. Por eso la frase de Ray Bradbury al principio de este texto, autor de un ojo crítico pero generalmente optimista que en historias como “La ciudad perdida de Marte” pone lo futurista o tecnológico al servicio de la verdad poética. Bradbury defendía con vehemencia las virtudes de la carrera espacial y la veía como el próximo paso evolutivo del hombre: llegar a las estrellas equivale a tocar la inmortalidad, triunfar más allá de nuestro propio peligro de extinción; el espacio es el nuevo Olimpo, la nueva aventura del hombre, y la consciencia se transforma ante la expansión del horizonte en todas las direcciones, ante una identificación mayor con los fenómenos del universo. La exploración espacial es la exploración del alma. Ted Chiang aparta a la Dra. Banks de la realidad cotidiana y la re-ubica en una situación donde se renueva y potencia su relación con el cosmos. En La llegada, el intercambio de tecnología y las repercusiones sociales del encuentro pasan a un segundo plano y lo que importa al final son las consecuencias espirituales en la protagonista. De lo cósmico a lo personal. Una película es mucho más que una historia, elemento que a veces podría considerarse secundario. Una película es una ventana, portal, es textura, ruido, música, realidad recreada, sensación de lugar, otredad, ilusión, sentimiento, sensualidad, sensibilidad, forma de ver el mundo, discurso; y aquí el discurso, la propuesta, no subestima a su audiencia intelectualmente o en cuestiones afectivas. En la película, el principal problema comunicativo de los humanos no es con los alienígenas sino entre sí (de vuelta una razón para la falta de nitidez, lo angosto de la profundidad de campo), y no por la multiplicidad de lenguas sino porque las principales instituciones de la sociedad (ambiente político, militar, legal) manejan registros y usos delimitados por su propio lenguaje, y que además están firmemente asentados en la oposición de las cosas. La visita de los heptápodos viene a romper con esas y otras estructuras.

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Lo que La llegada pierde en profundidad teórica en comparación al cuento, lo gana en impacto emocional, y al cine le va mejor lo segundo. La hipótesis de Sapir–Whorf, en la que la estructura de una lengua determina o al menos influye sustancialmente el pensamiento, juega un papel esencial en ambas versiones, pero en la película encuentra una consonancia puramente audiovisual, meta-verbal. (spoiler) Aprender una lengua como la de los heptápodos, que en su forma escrita se presenta a través de círculos con diferentes detalles que evocan frases enteras, constituye un cambio radical en la forma en que la protagonista percibe y concibe el tiempo, ya no como una progresión lineal en el que sólo se viven los eventos a medida que ocurren, sino como en un plano circular donde se puede ver simultáneamente el pasado y el futuro. La historia, sin embargo, no capitaliza el factor de asombro de tal devenir, sino que lo utiliza para darle una arrebatadora perspectiva al asunto de la pérdida y la aceptación.

En la película,el monólogo acerca del determinismo y su relación con la voluntad queda implícito en la secuencia final. “Si pudieras ver toda tu vida desplegarse frente a ti, ¿cambiarías algo?” es la pregunta que le hace la Dra. Banks a Ian cuando el mundo estaba enterado de las buenas intenciones de los alienígenas y estos ya se habían ido. Él le contesta que no sabe, que le hubiera gustado ser más expresivo con lo que sentía. (fin de spoiler) En el cuento, ella argumenta que ser ignorante del futuro es pre-requisito para ejercer el libre albedrío, mientras que saber lo que va a ocurrir permite entender el entramado de eventos que constituye cada momento de la existencia propia. El segundo modo de percepción, sin embargo, no es superior al primero, sino que son dos caras de la misma moneda; aquellos que leen el borgiano Libro de las eras, donde están plasmado todo lo que ha ocurrido en la historia, no podrían convencerse de hacer cambios. Aceptar el universo con lo bello y terrible que tiene, ampliar el léxico del alma, la visión del mundo, tender puentes dentro y fuera, optar por la meditación antes que la reacción, son algunas de las ideas que quedan boyando en la mente después de ver La llegada, cuestiones que no acostumbramos a ver en películas de ciencia ficción que han tenido éxito internacional.

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La ciencia ficción rara vez se explota en todo su potencial. Puede cautivar el interés del que va a al cine a pasar el rato, llenar los ojos del cinéfilo con sus atributos estéticos y desafiar el intelecto de los dos. La llegada, con su uso preciso de recursos cinematográficos que a la vez no escatima momentos contemplativos, es prueba de que se pueden unir ambos mundos y que la ciencia ficción no debería ser sólo una excusa para justificar grandes presupuestos y el costo de la entrada de cine. La gente también responde al valor humano de la experiencia artística y resiste cada vez más lo que está trillado. Ver cientos de ejercicios vacuos de fórmula tiene el efecto doble de desestimular la asistencia a salas y trivializar la experiencia cinematográfica. La llegada es especial por varias razones, una no menor que es cine de ciencia ficción de alto perfil con cualidades de drama independiente y hasta febrero de 2017 recuperó casi 4 veces el capital de su presupuesto. Constituye una rareza del género al haber estado nominada a Mejor película en los Oscars, aunque no se explica cómo Amy Adams no recibió una nominación ya que es el eje de la película. Lo que importa es que Denis Villeneuve es un gran director que siempre soñó con hacer ciencia ficción y ahora se está sacando las ganas. Juzgando por lo que ha hecho y el plantel de su próxima película, BladeRunner 2049, que cuenta con el fotógrafo Roger Deakins (Sicario, Sin lugar para los débiles), Jóhann Jóhannsson y el mismo guionista de la original, los fanáticos no tienen de qué preocuparse. Si bien la palabra “género”, usada en el cine, rara vez es más que una simplificación proveniente del marketing, la última película de Villeneuve se inaugura en una lista selecta de películas, como 2001: Odisea del espacio (1968), Solaris (1972) y Blade Runner (1982),donde adentrarse en la trama significa ahondar en la especulación de cuestiones antropológicas, metafísicas, científicas y filosóficas. Las películas de ciencia ficción con tanto para dar se cuentan con los dedos de la mano.

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  • Heskan

    Hay una errata “son algunos de ideas que quedan boyando en la mente después de ver La llegada”. Esta bastante interesante la crítica.

    • Juan Andrés Belo

      Gracias por la corrección y la lectura atenta! Quedó arreglado.